HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA  *  COLOMBIA


 

Juan Pablo

Beltrán

Una profunda y expectante inquietud se generaba en mí corazón desde aquel 2 de abril del año 2005, moría el tan querido Juan Pablo II, pero nacía en mí el deseo de consagrarme a Dios desde el servicio, la vida comunitaria y el amor al prójimo.

Una búsqueda y discernimiento de más de dos años, dio como resultado el entrar en contacto con los hermanos de la sagrada familia; una comunidad de origen Francés, que se dedican a evangelizar y dar a conocer el mensaje de Jesucristo a través de la educación de los jóvenes y que llevan en Colombia, más exactamente en la ciudad de Bucaramanga, un poco más de 8 meses.  

Al enterarme por medio de un sacerdote amigo, sobre la existencia de los hermanos ingresé inmediatamente a la pagina web que ellos poseen, y devoré en un poco más de 40 minutos toda la información que allí tenían. Conocí sobre su origen, su carisma, su fundador y los hermanos que venían desde España a cumplir la misión que Dios, la Iglesia y su comunidad les habían asignado para estas tierras.

Luego de ello decidí llamarles y entrar en un contacto más serio con ellos, el primero en atenderme fue el hermano Carlos, el más joven del equipo y encargado de la animación vocacional en los jóvenes, discutimos algunas cosas, unas preguntas van, otras vienen y  después de ello ponerme en contacto con el hermano Fernando quien es el superior del equipo misionero y a quien le corresponde la responsabilidad de dirigir las vocaciones mayores (como la mía).

 Fueron varios días de contacto telefónico de algunas encuestas o fichas resueltas, hasta que se me presentó la oportunidad de conocerles personalmente y compartir una experiencia de vida directamente; fue así como viajé desde Medellín el lunes 25 de Junio y llegué a la casa en la cual viven en Bucaramanga.

La vida que allí se vive, es al estilo del trabajo para Dios y el hombre, o sea buscando siempre beneficiar a los más necesitados desde el anuncio del evangelio.  Es una casa muy agradable, donde los hermanos comparten todo lo que son con uno; las oraciones, los momentos de esparcimientos, el trabajo comunitario, en fin todo aquello que hace de los momentos vividos una experiencia enaltecedora y única.

Allí conocí también al hermano Nino, quien es el encargado de la administración de la casa y de que no falte en la mesa pan francés y  leche, entre otras cosas ricas.  Es muy jovial y amable, como los otros dos hermanos.

 El tiempo compartido con ellos, profundiza aún más el deseo de estar al servicio del evangelio, luchando por la causa Cristiana, pues me he dado cuenta que vale la pena servir a Cristo, que vale pena desgastarse por el mensaje del amor y que aparte de las cosas que nos brinda este mundo, lo verdaderamente importante radica en al amor a Dios y a los hombres a través del evangelio.

 Yo les invito a pensar seriamente sobre el estilo de vida que quieren llevar, a cuestionarse si son felices o si conocen el verdadero significado de esta palabra, a luchar por alcanzar los sueños mas altruistas y a dar testimonio del amor de Dios para con nosotros, con nuestras propias vidas.

(Juan Pablo Beltrán)

 

Juan Mauricio Trompetero Dueñas

 

Soy un joven colombiano, quien siempre ha tenido una espinita en el corazón del llamado de Dios.
Tuve la oportunidad de comunicarme por internet con los Hermanos de la Sagrada Familia; su estilo de vida me pareció interesante, al saber que se dedican a la Evangelización, educación y servicio a los demás.
En mi experiencia vocacional que tuve con ellos en Bucaramanga - Colombia, pude comprobar el carisma, la dedicación y el amor que le ponen a su trabajo con los jóvenes; especialmente la alegría que transmiten.
Llegue a casa muy contento después de esta experiencia, mi vocación se fortaleció y mi deseo de seguir este camino es mucho mayor.
Quisiera que así como yo, muchos jóvenes que sientan el llamado de Dios, se dieran la oportunidad de trabajar por un mundo mejor y sentir la satisfacción de entregar la vida al servicio de los demás.
Atentamente : J. M. T. D.
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