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HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA 7 PASOS PARA DISCERNIR BIEN
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¿Señor, qué quieres que haga?
(Hch 22,10).
Si quieres descubrir tu vocación, dialoga
con Jesús. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere
de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu oído para que puedas
escuchar.
En el diálogo con Jesús podrás oír su voz
que te llama: «ven y sígueme» (Lc 18,22); o bien, escucharás que te
dice: «vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti» (Lc
8,39).
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2.
Percepción
Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos
y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía
(Jr 20,9).
Para descubrir lo que Dios quiere de ti
tienes que escuchar, mirar y experimentar. Para esto necesitas hacer
silencio interior y exterior; el ruido te impide percibir.
Presta atención a lo que se mueve en tu
interior: tus deseos, tus miedos, tus pensamientos, tus anhelos, tus
inquietudes, tus proyectos. Escucha tanto a los que aprueban tu
inquietud como a los que la critican. Aprende a mirar a los hombres y
mujeres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a través de su
pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de su desesperanza, de su
necesidad de Dios?
Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha
llevado Dios? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes de tu
vida? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por
qué?
Contempla el futuro: ¿qué experimentas al
pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una
vida, ¿a qué quieres dedicarla?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y
la atracción que sientes son signos de una verdadera vocación consagrada
o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques tu vida
cristiana como seglar.
Al dar este paso podrás decir: «Descubro que
Dios quiere algo especial de mí». «Siento la inquietud de consagrar mi
vida a Dios y al servicio de los demás».
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3.
Información
Observen ustedes cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o
débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son
las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra,
fértil o estéril; con vegetación o sin ella
(Nm 13,18, 20).
Para descubrir tu lugar en la Iglesia es
conveniente que conozcas las diversas vocaciones. Investiga cuál es la
espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos o las diferentes
congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo
viven: no es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida
apostólica. Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios pretenden
realizarla: enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción
vocacional, misiones, predicación de ejercicios, medios de comunicación,
etc. Conoce quiénes son los principales destinatarios de su apostolado:
jóvenes, pobres, sacerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.
Aunque ordinariamente cuando se experimenta
la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una vocación
específica, vale la pena que dediques algunas horas a informarte más a
fondo sobre esa vocación y sobre otras. Al dar este paso podrás decir: «Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y el apostolado de esta congregación». «Posiblemente Dios me está llamando a consagrarle mi vida o a ingresar al seminario»
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4.
Reflexión
Si uno de vosotros quiere construir una torre ¿no se sienta primero a
calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo
puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se
pongan a burlarse de él, diciendo: «Éste comenzó a edificar y no pudo
terminar»
(Lc 14,28-30).
La vocación es una empresa demasiado grande,
¡y es para toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes haber
reflexionado seriamente sobre ti y sobre la vida que pretendes abrazar.
Descubre cuáles son tus capacidades y
limitaciones. Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la
vocación —contando desde luego con la gracia de Dios—. ¿En qué signos
concretos te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en favor
y en contra tienes para emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae y
qué lo que no te gusta de ese estado de vida?
Dios te pide que te comprometas
responsablemente en el discernimiento de su voluntad. Quiere que
utilices tu inteligencia para buscar tu vocación. Con la luz del
Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.
No pienses que llegarás a tener certeza
absoluta de lo que Dios quiere de ti: algo así como tener un contrato
firmado por él. Lo que encontrarás serán signos que indican cuál podría
ser el proyecto que tiene para ti. Al descifrar esos signos podrás tener
certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta de que no puede
haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral de que la silla en la
que estoy sentado no se va a romper. La certeza moral es la que
necesitas para actuar. Al dar este paso podrás decir: «Creo que Jesús me llama a seguirlo». «Creo que, con la ayuda del Espíritu Santo, podré responder».
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5.
Decisión
Te seguiré vayas adonde vayas
(Lc 9,57).
Habiendo descubierto lo que Dios quiere de
ti, decídete a seguirlo.
Tomar tal decisión es difícil. Sentirás
miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: «¡Ay Señor mío! Mira que
no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1,6). Sin embargo, a pesar de tus
limitaciones —o mejor, con todas ellas— responde como Isaías: «Aquí
estoy, Señor, envíame» (Is 6,8).
Decir el «sí» con el cual comprometes toda
tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad
de respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdiciar tu vida.
Para iniciar el camino de la vocación no
esperes tener certeza absoluta de que Dios te llama (“el contrato
firmado”); te basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe;
es un acto de confianza en tu amigo Jesús.
Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús
es normal que tengas dudas de si podrás con las exigencias y si llegarás
al final. Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.
Al dar este paso podrás decir: «Quiero
responder a la llamada de Jesucristo». «Quiero consagrar mi vida a
Dios». «Quiero servir a mis hermanos». «Quiero ingresar en esta
congregación religiosa». «Quiero ser sacerdote».
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6.
Acción
Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo
siguieron
Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te
dejes vencer por el miedo; lánzate con miedo.
Pon todos los medios que estén a tu alcance
para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir tu
ingreso a una casa de formación: «Te seguiré, Señor; pero déjame
primero…» (Lc 9,61).
Con tu decisión has comprometido todos los
momentos posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera
de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día: vivir todo
momento en coherencia con lo decidido; dirigir cada paso hacia la meta.
¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar!
El camino que emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees.
Prepárate para la lucha; deberás enfrentar problemas y superar
obstáculos. Jesús te dice: «El que quiera acompañarme, que renuncie a sí
mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga» (Lc 9,23).
El sendero es arduo, pero María te acompaña
y el Espíritu Santo te fortalece para que puedas recorrerlo. Además, no
se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida sino sólo la de hoy; y
así cada día.
Al dar este paso podrás decir, como Pedro:
«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28).
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Levántate y vete a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido
que hagas
(Hch 22,10).
La dirección espiritual no es, en realidad,
un paso más en el proceso de discernimiento vocacional; es un recurso
que puedes aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.
El director espiritual te motivará a orar y
a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará dónde obtener
la información y te ayudará a reflexionar. En el momento de la decisión
se alejará de ti para que tú frente a Jesús libremente respondas a su
llamado. Te ayudará a que te prepares convenientemente para ingresar en
una casa de formación.
Si bien es cierto que la vocación es una
llamada de Dios que nadie puede escuchar por ti ni responder a ella en
tu lugar, también es verdad que necesitas de alguien que te acompañe en
tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer
que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien
podrías pensar que no tienes vocación cuando en realidad Dios te está
llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la
autenticidad de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a
Pablo en el camino de Damasco, le dijo que fuera con Ananías, y que éste
le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido
decirle a Pablo lo que esperaba de él, quiso valerse de Ananías para
hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22,10-15).
En el discernimiento del proyecto de Dios
sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
* * * * *
Descubrir tu vocación no es fácil, pero
tampoco es imposible. Si con sinceridad te pones a buscar la voluntad de
Dios y realizas los pasos que aquí te sugiero, creo que podrás
encontrarla. De muchos modos Dios te está revelando la manera como quiere que colabores en la instauración de su Reino. Él es el más interesado en que tú descubras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiritual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.
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