HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA * Colombia
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TEXTOS VOCACIONALES |
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1. La misión de la vida (Jean Monbourquette) 2. Cara a Cara (Emilio Mazariegos) 3. A la escucha como María (Adaptación de un texto de Fiorino Triverio) 4. El proceso de la vocación (Fragmento de una carta de Juan Pablo II dirigida a los jóvenes) 5. No sólo entusiasmo (Enrique Sánchez González) 6. Identidad (Sandro Maggiolini) 7. El llamado es misterioso (Adaptación de un texto del P. Zezinho) 8. Sentado en la duda (Adaptación de un texto de Emilio.L.Mazariegos) 9. Abiertos al cambio (Michael Cas) 10.Benedicto XVI a los jovenes en Loreto (Benedicto XVI) 11.¿Ser todo a la vez? DECIDETE (José Ignacio García Jiménez S.J) 12. La mirada de Jesús (Texto del Padre Hurtado) 13. ¿Arriesgar o seguridad ? (Pastoral Jesuítas) 14. La cuestión es elegir bien (Benedicto XVI) 15. Elegir hoy (Javier Montes) 16 Agua y sed. Vivir queriendo más (Carlos del Valle) |
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Agua y sed. Vivir queriendo más
Por Carlos del Valle, sj

Todo el mundo
sabe qué es la sed. Más de una vez la hemos tenido y no
tenerla significa estar muerto. Esta necesidad que nos
acomuna a todos, que nos iguala a todos, sirve para
tocar otra realidad más honda y que nos puede golpear
también a todos, la de una sed que no se apaga, la de la
insatisfacción.
La voz de Jesús sigue resonando desde entonces en la historia, en nuestra historia. No deja indiferente a ningún insatisfecho, a ninguno de los que “quieren más y más”, desencadenando en cada uno la lucha entre la adhesión y el rechazo, la fe y la incredulidad, el amor y la indignación, la acogida y la violencia, entre beber y vivir o morir reseco
Cuando andamos con el
deseo de que las cosas de Dios sean algo importante en nuestra
vida, la pregunta surge inevitablemente: ¿Qué querrá Dios de mí?
¿Cuál es mi vocación? ¿Qué vida me hará feliz?
Y esto pasa cuando alguna vez nos planteamos qué hacer en la
vida, pero también cuando ésta nos lleva a encrucijadas en las
que toca elegir.
Pensar que Dios tiene un sueño para mí es algo que a la vez
ilusiona y asusta. El miedo surge al pensar que yo tengo mis
planes, y puede que éstos y los suyos no vayan de la mano. Y la
ilusión viene porque si Dios tiene un sueño para mí sólo puede
ser un sueño de felicidad, y es que cuando hemos sentido a Dios
cerca en nuestras vidas la felicidad que lo acompaña es de una
hondura que nos sobrecoge.
El reto es cómo ir descubriendo, discerniendo a qué soy llamado.
La faena es que para esto no hay recetas, pues Dios no
acostumbra a mandarnos un sms ni ángeles mensajeros. Pero es un
camino que tú y Él recorréis juntos, en el que si te fías sabes
que todo irá bien.
Podemos irnos de retiro al Tibet, apuntarnos a yoga o leernos libros enormes de espiritualidad para tratar de averiguar por dónde nos llama el Señor. Pero también podemos mirar nuestra vida con otros ojos, con una sensibilidad nueva que atraviese la superficialidad en la que se nos empuja a vivir. Y así, en nuestros encuentros cotidianos, en nuestros enfados y alegrías, en la injusticia que palpamos, en la rutina de nuestro trabajo o en nuestros éxitos y frustraciones iremos descubriendo una Presencia callada que nos llama, que nos invita a salir de nosotros mismos, a darnos, a anunciar que el Señor está vivo porque la muerte no tiene la última palabra, y que tiene algo que decirnos
Para mirar de esa manera tenemos que aprender de los ojos de Jesús. Esos ratos de silencio, solos tú y Él, durante los que la relación, casi sin darnos cuenta, va creciendo y el cariño fluye. En los que pasaremos momentos de muchas emociones, cuando toda nuestra persona vibra; y otros muy secos, que nos cuestionan, nos aburren y en los que nos jugamos la fidelidad de la amistad. Además, tenemos la suerte de andar este camino en comunidad, con otros hermanos y hermanas, que nos ayudan a que los miedos no nos venzan, en los que vemos testigos del paso del Señor y que nos animan a seguir buscando y encontrando la voluntad de Dios
Javi Montes, S
La
cuestión sigue siendo cómo encontrar la vida, qué elegir, cómo elegir la
vida. Y las ofertas que normalmente se hacen las conocemos: ir a la
discoteca, conseguir todo lo posible, considerar la libertad como hacer
todo lo que se quiera, todo lo que se ocurra en un momento determinado.
Pero sabemos en cambio -y podemos mostrarlo-- que éste es un camino de
falsedad, porque al final no se encuentra la vida, sino realmente el
abismo de la nada. Elige la vida. La misma lectura dice: Dios es tu
vida, has elegido la vida y has hecho la elección: Dios. Esto me parece
fundamental. Sólo así nuestro horizonte es lo suficientemente amplio y
sólo así permanecemos en la fuente de la vida, que es más fuerte que la
muerte, que todas las amenazas de la muerte. Así que la elección
fundamental es ésta que se indica: elige a Dios. Es necesario entender
que quien emprende el camino sin Dios al final se encuentra en la
oscuridad, aunque pueda haber momentos en los que parezca que se ha
hallado la vida.
Un paso más es cómo encontrar a Dios, como elegir a Dios. Aquí llegamos al Evangelio: Dios no es un desconocido, una hipótesis del primer inicio del cosmos. Dios tiene carne y hueso. Es uno de nosotros. Le conocemos con su rostro, con su nombre. Es Jesucristo, quien nos habla en el Evangelio. Es hombre y es Dios. Y siendo Dios, eligió al hombre para hacernos posible la elección de Dios. Así que es necesario entrar en el conocimiento y después en la amistad de Jesús para caminar con Él...
Hay también un tercer paso. Esta amistad con Jesús no es una amistad con una persona irreal, con alguien que pertenece al pasado o que está lejos de los hombres, a la diestra de Dios. Él está presente en su cuerpo, que sigue siendo un cuerpo de carne y hueso: es la Iglesia, la comunión de la Iglesia. Debemos construir y hacer comunidades más accesibles que reflejen la gran comunidad de la Iglesia vital. Es un todo: la experiencia vital de la comunidad, con todas las debilidades humanas, pero sin embargo real, con un camino claro y una vida sacramental sólida en la que podemos tocar también lo que puede parecernos tan lejano, la presencia del Señor.
(Benedicto XVI)
Hoy se valora tanto la seguridad… personal y
colectiva. Todo tiene que ser fiable, ofrecer garantías… Lo mismo
da si es lo que compro o lo que uso, que si hablo de las opciones que
voy tomando. Tengo una tendencia irrefrenable a querer tener todas las
respuestas antes de avanzar. “¿Qué pasará?” “¿Y si ocurre esto o lo
otro?” “No vaya a ser que algo falle, o que me quede a la intemperie, o
que algo se escape de los cálculos y las previsiones…”. Y, sin
embargo, creo que es una necedad el pretender tenerlo todo atado y bien
atado siempre. Hay momentos en que toca arriesgar, caminar sobre el
alambre, adentrarse por caminos que no sabes a dónde conducen y salirse
del guión
Mi propia historia me va enseñando que muchas veces ha sido el saltar al vacío, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, lo que me ha ayudado a crecer y a vivir con más plenitud. Si me dejase llevar por los miedos, nunca daría un paso. Siempre estaría esperando a tenerlo todo claro (¿y cuándo es eso?) Es sutil la diferencia entre temeridad y valentía, entre el riesgo lúcido y la insensatez… pero hay que intentarlo a veces. Muchas decisiones vitales tienen que jugarse en ese difícil equilibrio: lo que sueñas ser en la vida, los estudios que vas a hacer, las relaciones personales por las que apuestas, lo que uno está dispuesto a decir y a callar, los proyectos que hay que acometer, las realidades que estoy dispuesto a conocer… A menudo tengo que soltarme de las seguridades, y atreverme a intentar lo nuevo.
Nadie
garantiza que todo me vaya a salir bien, que tras la osadía siempre
venga un premio o que los intentos conduzcan infaliblemente al éxito. A
veces meteré la pata (a menudo), y otras me daré un buen golpe. En
ocasiones quedaré un poco expuesto, quizás vulnerable; y otras, al
contrario, los riesgos traerán su dosis de acierto y resultados. Pero de
todo se puede aprender. La clave no es tener muchas seguridades ni
certezas, sino unas pocas, pero sólidas. ¿Dónde encontrarlas? En la
gente cercana en quien uno confía y por quien apuesta con los ojos
cerrados. En las propias capacidades, que no hay que negar, y bien
usadas son talentos que Dios nos ha dado para construir Reino. Y, sobre
todo, en ese Dios que, al final, sigue inspirando y susurrándonos una
palabra de aliento y pasión.
Pastoral Jesuitas
Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre![[mirada.jpg]](IMAGENES/mirada.jpg)
Decía el Padre Hurtado "El que ha mirado profundamente una vez siquiera a los ojos de Jesús no lo olvidará jamás. Una de las grandes conquistas de la vida cristiana consiste en comprender que Cristo se fija en cada uno de nosotros en particular para hacernos conocer su voluntad precisa. Se detiene frente a mí, frente a mí solo, y pone sus manos divinas sobre mi cabeza. El gran momento de la gracia llega cuando me doy cuenta que los ojos de Cristo se fijan en mí, que su mano me llama a mí en particular, que yo, yo soy el motivo de su venida a la tierra y el término de sus deseos bien precisos. El me ha reconocido de entre la muchedumbre. No soy uno entre miles. No existe esa multitud. Hay Dios y yo, y nada más, ya que todo lo demás, mis prójimos inclusive, los he de ver en Dios. Conocer, pues, este llamamiento especial que Dios me dirige a mí en particular, ha de ser mi gran preocupación de toda la vida".
...el
tiempo pasa, no se detiene. Y las decisiones van creciendo en
importancia; especialmente porque comprometen el futuro: estudios,
profesión, pareja, vivir como pienso y para ello pensar cómo vivir. Y
van surgiendo los dilemas: de las letras no se vive; en música sólo
triunfan tres; prepara una buena oposición; si no lo intento ahora,
¿cuándo?; tú acaba la carrera y después haces lo que quieras; sólo se
vive una vez; no dejes pasar tu oportunidad; cuando tenga trabajo
entonces…. Este sí que se va convirtiendo en un momento crítico, las
decisiones que tomemos estarán destinadas a dejarnos tranquilos, a
contentar a los que están a nuestro lado, o a dar salida a nuestras
convicciones más profundas.
La tentación de este tiempo es querer salvarlo todo. Nos gustaría ser
astronautas, funcionarios y rastas caribeños a la vez, nos gustaría que
nuestros sueños de éxito, de seguridad y de “ir de alternativos”
pudiesen sobrevivir todos juntos. Y sin embargo no es posible. Tan
sencillo y tan complicado: no es posible. Así que decídete, no se
puede ser todo. Prolongar estos tiempos de vocaciones-múltiples sólo
sirve para retrasar lo inevitable e impedirnos vivir a fondo las
verdaderas opciones.
Primero porque no se puede servir a dos señores. No optar, querer
mantener todas las puertas abiertas, significa no profundizar en ninguna.
Siempre habrá una excusa, santa y convincente, para no comprometerse del
todo, para no asumir las consecuencias de los compromisos.
Segundo, porque si es cierto que elegir es cerrar opciones, también es
cierto que optar significa abrirnos a un nuevo mundo de posibilidades.
Nos da miedo perder, pero no podemos olvidar que cuando optamos delante
de nosotros se abre un nuevo horizonte que nos espera. Pero que nos
espera enteros, no divididos, escindidos.
Elegir, optar, no es sencillo pero o te anticipas, o te llevan. O
tomas tú las decisiones (y asumes las consecuencias), o te dejas llevar
por las situaciones, y aunque te quedará el consuelo de que siempre
podrás echar la culpa a otros de lo que te pasa, no vivirás la
experiencia profunda de ejercer la libertad.
Jose Ignacio García Jiménez s.j
Del
discurso de Benedicto XVI a los jóvenes en Loreto (Italia),
en septiembre 2007
.
..Lamentablemente,
hoy, a menudo, una existencia plena y feliz está vista por muchos
jóvenes como un sueño difícil, y a veces, irrealizable. Tantos de
vuestros coetáneos miran al futuro con aprensión y se plantean no pocas
interrogantes. Se preguntan preocupados: ¿Cómo insertarse en una
sociedad marcada por numerosas y graves injusticias y sufrimientos?,
¿Cómo reaccionar al egoísmo y a la violencia que a veces parecen
prevalecer?, ¿Cómo dar un sentido pleno a la vida? Con amor y
convicción, os repito a vosotros, jóvenes aquí presentes, y a través de
vosotros, a vuestros coetáneos en el mundo entero: No tengáis temor,
Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas de vuestro corazón.
¿Hay, quizá, sueños irrealizables cuando el que los suscita y los
cultiva en el corazón es el Espíritu de Dios?. ¿Hay algo que puede
bloquear nuestro entusiasmo si estamos unidos a Cristo?. Nada ni nadie,
diría al apóstol Pablo, podrá separarnos del amor de Dios, en Cristo
Jesús, nuestro Señor. (Cf Rm 8, 35-39).
Dejen que esta tarde yo les repita: cada uno de vosotros si permanece unido a Cristo, podrá cumplir grandes cosas. Por ello, queridos amigos, no debéis tener miedo de soñar con los ojos abiertos grandes proyectos de bien, y no debéis dejaros desanimar por las dificultades. Cristo tiene confianza en vosotros y desea que podáis realizar cada uno de vuestros más nobles y altos sueños de autentica felicidad. Nada es imposible para quien confía en Dios y se confía a Él. Mirad a la joven María. El Ángel le prospectó algo verdaderamente inconcebible: participar en el modo más comprometedor posible en el más grandioso de los planes de Dios, la salvación de la humanidad. Frente a tal propuesta María quedó turbada, advirtiendo toda la pequeñez de su ser frente a la omnipotencia de Dios, y se preguntó, ¿cómo es posible, por qué a mi?. Dispuesta sin embargo a cumplir la voluntad divina pronunció prontamente su “sí”, que cambió su vida y la historia de la entera humanidad. Es gracias a su “sí” que nosotros nos encontramos aquí esta tarde...
Frente a tantos fracasos es frecuente esta pregunta: ¿soy yo mejor que mis amigos y que mis parientes que han intentado y han fallado?. ¿Por qué, yo, justo yo, debería lograrlo donde tantos se rinden?. Este humano temor puede bloquear también a los espíritus más valientes, pero en esta noche que nos espera, a los pies de su Casa Santa, María repetirá a cada uno de vosotros, queridos jóvenes amigos, las palabras que ella misma escuchó al Ángel dirigirle: No temas. No tengas miedo. El Espíritu Santo está con vosotros y no os abandona jamás. A quien confía en Dios nada es imposible. Esto vale para quien está destinado a la vida matrimonial, y más aún, para aquellos a quienes Dios propone una vida de total desprendimiento de los bienes de la tierra para estar a tiempo lleno dedicado a su Reino. Entre vosotros hay algunos que están encaminados hacia el sacerdocio, hacia la vida consagrada; algunos que aspiran ser misioneros, sabiendo cuantos y cuales riesgos corren. Pienso a los sacerdotes, a las religiosas caídos en las trincheras del amor al servicio del Evangelio... Queridos jóvenes, si el Señor os llama a vivir más íntimamente a su servicio, respondan generosamente. Estén seguros: la vida dedicada a Dios no se gasta nunca en vano.
En
la escuela de Cristo, así como los primeros discípulos, estamos siempre
aprendiendo. No hay un camino prescrito para seguir con diligencia y
graduarnos.
Nuestro aprendizaje no se dirige tanto a absorber un cuerpo de conocimientos, como a hacer de la nuestra una vida peculiar con base en el evangelio. Esto no se aprende en los libros, sino por la gracia... La vida de un discípulo es insegura porque se vive bajo el mandato de un maestro. Quienes se adhieren a un gurú terrenal, tienen una tarea más fácil que la de los cristianos, a pesar del rigor del régimen y la severidad de la obediencia total. Somos discípulos de un maestro invisible que no tiene voz, sino las voces de quienes nos rodean; que nos enseña por medio de las necesidades y acciones de otros. Si somos verdaderos discípulos de Jesús, tenemos que vivir como quines anhelan instrucciones: "Lo mismo que los ojos de los siervos miran a la mano de sus amos" (Sal. 123,2), esperando instrucciones sobre lo que se debe hacer.
Esta no es vida independiente con parámetros y propósitos autodefinidos, sino una vida vivida bajo el mandato de Otro invisible. Ser discípulo de Jesús indica una voluntad de por vida para ser formado y reformado sin certidumbre total sobre las vías por las cuales llegará esa formación.. Como resultado, el discipulado nos exige una cierta apertura de mente y corazón opuesta al individualismo
Michael Cas
El que
logra encontrar su misión en la vida tiene asegurado encontrar el
SENTIDO a su vida. Descubrirá las aspiraciones de su alma y, por ese
mismo hecho, su razón de existir. Tendrá la sensación de ser él mismo,
de experimentar la unidad profunda de su ser y de llevar una vida
auténtica. Finalmente, tendrá la satisfacción de ejercer un influjo
bienhechor en su entorno.
Una existencia marcada por semejante sentimiento de plenitud contrasta con la sensación de vacío existencial que afecta a nuestros contemporáneos. Víctor Frankl llama a esa sensación "frustración existencial. Se trata del malestar de quienes no han dado un sentido a su vida. Y entonces reaccionan frente a ese vacío interior de diversas formas: unos declaran que la vida es absurda y piensan en el suicidio..., otros se empeñan en colmar el vacío con diversos sucedáneos: el alcoholismo, la droga, los juegos de azar, las actividades eróticas o la diversión febril. Otros, en fin, se refugian en el activismo, intentando escapar...Una existencia que se pone como objetivo escapar de la vida constituye, a fin de cuentas, una búsqueda de la muerte.
Se reconoce fácilmente a las personas que no viven de su misión. mariposean por todas parte; no distinguen lo esencial de lo accesorio, se dispersan en un activismo desenfrenado
Al contrario , la persona que haya descubierto su misión encontrará en ella razones para vivir y ser feliz sean cuales sean los obstáculos, dificultades o sufrimientos que también encontrará.
El descubrimiento de la vocación propia produce un efecto polarizante sobre el conjunto de la vida de una persona. Su misión se convierte para ella en sabiduría del alma, Ella le enseña a rechazar lo que podría distraerla de su proyecto de vida y explotar su energías y recursos para realizarlo.
(Jean Monbourquette)
¿Cuál será el primer reto del joven que quiere seguir a Jesús con radicalidad? No lo dudo enfrentarse con las olas de su vida joven. Con esas olas que trae y que necesita calmar, serenar para que la barca de su vocación pueda surcar el mar profundo e inmenso de la vida consigo mismo; tomarse en serio y poner las cartas sobre la mesa; ... dejar la realidad de su vida al descubierto... Descubrir su propia realidad es un camino de seguridad para seguir a Jesús
Tomar conciencia de sus más y su menos es camino de saber tratarse, de entenderse, de seguir forjando su propia identidad. Cuesta el pasar de la superficialidad a la interioridad... El reto de Jesús o mi egoísmo se van a poner cara a cara, es un medirse en la medida que lleva dentro, en ese abismo sin fondo que es Dios, en ese mar sin fronteras que es su misericordia sin límites; pasar de la desconfianza a la confianza, pasar de mis seguridades al vértigo del abandono...
Y la lucha continuará: le seguirán llegando al mundo las seducciones de una vida regalada "los ajos del Egipto" que dejó atrás. Y entre Egipto, tierra de látigo y esclavitudes, y la tierra Prometida, la tierra de la Libertad, se alza el Gran Desierto: la tierra de la prueba, de la lucha, de forjar la nueva vida. Sí, en medio de esta pelea por el CAMBIO, vale la pena; todo es función de vivir "la nueva Vida" en Cristo. Una vida que alcanzada, se convertirá en vida abundante para otros. ¿Miedo a quién?
(Emilio L. Mazariegos)
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El evangelio registra sólo siete expresiones
de la Virgen, siete veces en que María tomó la palabra. Dos veces
con el Arcángel Gabriel (Lc. 1,34 y 38)...; dos veces con la prima
Isabel , Lc.1,40 y 46, 55); dos veces con Jesús (Lc 2, 48 y Jn.
2,3)... y finalmente en las bodas de Caná. Sólo siete palabras. Y
mucha escucha. Fue una joven " a la escucha".
El Papa Pablo VI en
la Marialis Cultus , llama a María , la Virgen que escucha (nº
17). Escucha al Arcángel Gabriel, escucha con fe el plan de Dios,
escucha la respuesta a sus preguntas...escucha con fe y con fe
acoge la palabra de Dios. Escucha a su prima Isabel, escucha lo que los
pastores dicen del Niño. Escucha a Simeón,... escucha a Jesús
adolescente cuando se pierde y José le encuentra en el templo...
escucha las necesidades de los esposos de Caná... y escucha a su Hijo
cuando muere en la cruz.
Así estuvo la Virgen: a la escucha. La Virgen a la escucha, escucha: escucha , acoge en su corazón, pone en práctica.
Y YO, ¿SÉ ESCUCHAR?
Hoy, ¡cuánto ruido, alboroto, charlatanería!; en público y en privado , en casa y en el colegio, en el trabajo, en la Tv, en la radio...
¿Entonces ? ¿alimentar también yo este "río de palabras"? ¿Subir el volumen? O mejor, sabio e inteligente, ¿asemejarme siquiera un poco a mi Madre, " la Virgen que escucha"
¿Hasta que punto me asemejo a María?
¿Estoy convencido que para construirme a mi mismo y realizar bien mi vida, no debo sólo ser "palabra", sino sobre todo "escucha".,
Sólo se puede escuchar la voz de Dios en el silencio interior
(Adaptación de un texto de Fiorino Triverio)
Fragmento de una carta de Juan Pablo II dirigida a los jóvenes
Una vocación en la
Iglesia, desde el punto de vista humano, comienza con un descubrimiento:
encontrar la perla de gran valor. Vosotros habéis descubierto a Jesús:su
persona, su mensaje, su llamada.
Después del
inicial descubrimiento, sobreviene un diálogo en la oración, un diálogo
entre Jesús y el que ha sido llamado, un diálogo que va mas allá de las
palabras y se expresa en el amor.
Ciertas
experiencias de entusiasmo religioso que a veces concede el Señor son
únicamente gracias iniciales y pasajeras que tienen por objeto empujar
hacia una decidida voluntad de conversión caminando con generosidad en
fe, esperanza y amor.
La llamada del hombre
está primero en Dios: en su mente y en la elección que Dios mismo
realiza y que el hombre tiene que leer en su propio corazón. Al percibir
con claridad esta vocación que viene de Dios, el hombre experimenta la
sensación de su propia insuficiencia. Trata incluso de defenderse ante
la responsabilidad de la llamada.
Y así,
como sin querer, la llamada se convierte en el fruto de un diálogo
interior con Dios y es, incluso, hasta a veces como el resultado de una
batalla con Él.
Ante las reservas y
dificultades que con la razón el hombre opone, Dios aporta el poder de
su gracia. Y con el poder de esta gracia consigue el hombre la
realización de su llamada.
Jesús sabía muy bien que su misión no se podía apoyar
sólo sobre aquellos arranques de entusiasmo. Su misión era más seria que
para confiarla a los buenos deseos o a los más profundos sentimientos.
Seguir a Jesús ha sido siempre una tarea ardua, difícil y sacrificada, pues no se trata de una aventura cualquiera. Seguirlo supone renuncias radicales y entregas totales.
Se trata de dejarlo todo para ponerse en el camino en donde cualquier cosa se hace pesada, en donde el amor urge y la entrega a los demás se hace condición para seguir caminando...
Para la misión de Jesús es imposible detenerse a construir nidos que limitan los horizontes y obligan a recoger las velas...porque el corazón tiene que estar siempre libre y disponible para amar a todos los hombres y mujeres del mundo, sin echar raíces....
Sólo cuando se aprende a pensar con el corazón, las exigencias de Jesús se hacen comprensibles y lo que en un momento puede ser considerado como absurdo, de pronto aparece como la puerta que introduce a un mundo en donde se descubre el verdadero sentido de la existencia humana.
Enrique Sánchez González
La fe es el acto
maduro por el cual el cristiano se entrega totalmente a Jesucristo, dejando que
sea él quien determine toda su existencia tanto en la opción fundamental de
ella como en todo lo demás.. En la visión cristiana, no somos nosotros los que
escogemos nuestro proyecto de vida, sino que lo recibimos de Cristo por su
Espíritu. Con ese camino esbozado, que entrevemos poco a poco, recibimos también
la fuerza para recorrerlo. Desde que el hombre se entrega totalmente a Cristo,
sólo de Él recibe la seguridad de un éxito pleno en la vida, ya que Cristo es
el hombre perfecto, el hombre plenamente hombre. Sólo Él es capaz de abrirlo a
una vida de plenitud, haciéndole conocer y andar por los senderos de su
vocación. ... Si la fe es la primera y fundamental opción a la que el Señor nos
llama, la segunda es la vocación. Fíjate bien: para todos está la llamada
general y la responsabilidad de la ley evangélica de la caridad. Pero esta
llamada hay que concretarla luego con más precisas determinaciones que forman
la identidad sobrenatural y humana de cada uno.
(Sandro Maggiolini)
El llamado de Dios es siempre misterioso, hecho al corazón y a la inteligencia. Quien no lo siente, no lo escucha; quien no lo percibe, no lo oye.
Dios no da órdenes ni hace imposiciones; casi siempre en forma suave, propone y persuade, sugiere e inquieta, dispone los hechos y las cosas, y un buen día, algo que no sé de donde nace ni qué es, ni de donde viene ni por qué, actúa y duele dentro del pecho, enreda la cabeza y hace bien al corazón y nos dice que estamos orientados al servicio de Dios.
Es el misterio de la vocación.
Sabemos que alguien nos llama, no oímos nada, pero sentimos que él nos
quiere.
Si Dios nos ama, entonces él nos llama. De la misma manera que es inconcebible un Dios que no ame es inconcebible un Dios que no llame.
El llamado es misterioso como Dios. ¡Es activo, vital, perceptible, pero invisible a los ojos!
(Adaptación de un texto del P. Zezinho)
"Me lo estoy pensando" es el
planteamiento de muchos jóvenes. Porque es muy serio. Porque las cosas
hay que pensarlas mucho. Porque decidir supone tener las jugadas
bien pensadas. No se puede perder.
Y Jesús sale al paso. Jesús zanja la cuestión: quien no pierda su vida por mi, la perderá aunque no quiera. Quien la pierda por mi y el evangelio , la encontrará. Así de claro...
La vocación exige perder la vida. Perder los cálculos, las lógicas, las seguridades, el dinero, la posición, el buen nombre...perderlo todo. Todo ese mundo que creemos riqueza.
Ganar la vida es arriesgarse, es lanzarse fiado de Cristo, es dejar que el vaya haciendo en mi el camino. La llamada de Dios nos borra nuestros caminos. Los suyos son otros caminos.
Quien ponga sus ojos en sí, quien ponga su preocupación en lo difícil de la respuesta, quien se mire a él, nunca dará el paso. Porque nunca saldrá de sí mismo..
Sólo quien ponga sus ojos en Él es capaz de dar el paso. Sólo quien crea en la persona de Jesús será capaz de arriesgarlo todo para seguirle.
La duda, la espera, la indecisión, siempre tiene un final: el NO a la invitación a seguir a Jesús .
Quien se sienta en la duda vocacional, quien se pone a deshojar la margarita jugando al "si-no" me quieres...ese no es capaz de dar el paso. Quien no da la respuesta en el momento en que le llaman, quien quiere ver claro, una "aparición" para la certeza, ese nunca echará las redes ni pescará
No es cristiano sentarse en la duda eterna. No es honesto echar raíces en la duda eterna. No es valiente dejar enfriar la presencia de Jesús que se acerca.
Jesús siempre se queda escondido, pero atento a nuestra respuesta. Y en el momento oportuno, cuando en la vida se ha procedido con verdad, con fidelidad a la luz, aparece El, se acerca y se experimenta que todo es de él. Aparece la luz.
Vocacionarse es entrar en el espacio de la luz. Dios es luz, Dios es amor. Y no dudó. Nos amó dándonos a su Hijo Jesús.
(Adaptación de un texto de Emilio.L.Mazariegos)
Piensa
sinceramente y respóndete:
¿Sientes que Dios te llama a seguirle?
¿Estás sentado en la duda permanente?
¿Qué resistencias le pones?
¿Cual debería ser tu respuesta?
Las olas de mied