¿Sabes
qué hora es
?
LA HORA DE DECIDIRSE
Y SEGUIR A JESÚS

El Venerable
HERMANO
GABRIEL TABORIN,
(1799-1864)
Fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia


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Los Hermanos
de la Sagrada Familia somos una Congregación religiosa de HERMANOS (no
sacerdotes), católica, con un fuerte sentido comunitario y servimos a
la Iglesia principalmente mediante la educación, catequesis y
animación litúrgica.
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Te
proponemos un camino para descubrir el Proyecto de Dios sobre tu
vida. Si nos
quieres conocer más, puedes visitar
nuestra página oficial donde
encontrarás más información sobre lo que somos y hacemos, o bien
pinchar
aquí
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Si
vas a terminar el bachillerato o has terminado ya, y crees que
Dios te llama para ser Hermano, ponte en contacto con nosotros
Si
quieres recibir más información personal sobre los Hermanos o quieres
que te acompañemos para discernir tu vocación ponte en contacto
con los Hermanos,
safacolombia@hotmail.com
Estamos en
Bucaramanga. Cra.18, nº 16-55 * Tfno.6
71 17 33 y 6 71 71 98,
Cel. 313 4214707.



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ómose hace un HERM
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¿QUIERES
CONOCER LAS ETAPAS DE FORMACIÓN DE UN HERMANO?
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¿CUÁL ES
EL OBJETIVO DE CADA UNA DE ELLAS?
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¿CUANTO
TIEMPO DURAN?
Aquí
encontrarás las
RESPUESTAS
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DEL
PACTO A LA ALIANZA
...nos hemos ido convirtiendo más en
cristianos del pacto que de la Alianza. Hacemos un pacto con Dios:
«mira, yo te doy mi voto, voy a la Eucaristía, soy catequista, toco la
guitarra, hago el camino de Santiago o voy a Taizé cada verano..., y tú
te estás tranquilito, sin darme sobresaltos». Nos acostumbramos a Dios y
hacemos nuestros planes al margen de Él, esperando que venga a rubricar
nuestras opciones en el último momento. Dicho de otra manera, nosotros
rellenamos todos los apartados del contrato y, una vez controlados todos
los flecos, le presentamos el contrato de nuestra vida a Dios para que
lo firme. Aquí empieza y acaba el protagonismo que le damos a Dios: Él
es el big boss que nos protege y firma los cheques; el resto es
cosa nuestra.
Pero vivir en clave vocacional es otro
asunto. Para empezar, consiste en presentarle a Dios el contrato de
nuestra vida, por nuestra parte casi en blanco. Un contrato que hemos
recibido de Él y que lleva ya escritas algunas de sus cláusulas más
importantes. Para, a partir de ahí, ir escribiendo con Él las
concreciones e ir definiendo las opciones que nos acercan más a nuestra
felicidad, vista esta no tanto con nuestros ojos, sino con los suyos,
que son los definitivos. Y en ese contrato el apartado de la vocación
consagrada es uno de los que aparecen primero: «te lo ofrezco antes que
cualquier otra posibilidad; si tú quieres, no se hable más». Esa sería,
a mi parecer, la actitud que deberíamos promover en nuestras comunidades
si queremos recuperar la vitalidad apostólica y vocacional; actitud, por
otro lado, que propone Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales.
De lo
contrario, ¡con qué facilidad caemos en ese cristianismo pactista del
«no hace falta»...!: «no hace falta ser sacerdote para poder animar
una comunidad; no hace falta ser religioso para vivir la entrega a la
misión con exclusividad; no hace falta consagrarse para poder vivir la
vocación con radicalidad; no hace falta...». Pero ¿qué esconde esta
postura? Una desconfianza de los carismas que el Espíritu ha ido
suscitando en la Iglesia; una dejación de responsabilidad respecto de
nuestra tradición y su continuidad; un falso idealismo que busca siempre
la novedad como una huida hacia adelante; un falso espíritu de fundador
que al final siempre queda en un grupito que no sobrevive a sí mismo;
una ingenuidad simplona que piensa que los carismas se pueden vivir sin
institución y que la institución, lejos de protegerlos, acaba siempre
matándolos....
Marc Vilarassau Alsina, sj
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