HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA* Colombia


Maria, modelo y fuente de esperanza


El sábado 1 de septiembre terminaba de impartir unas clases de antropología cristiana en la escuela de catequesis de la arquidiócesis. La directora de la escuela, una religiosa conocida de los Hermanos, nos había pedido  la colaboración para preparar un texto sencillo para los catequistas  e impartir la materia durante mes y medio. La escuela (ERFOC) ha empezado hace dos años y se está elaborando el plan y el temario.

He pasado por los dos centros de Bucaramanga más Girón  y Florida, municipios cercanos a  la ciudad. En el nivel 3, donde he ayudado yo, han sido  125 alumnos.

 La gran mayoría de catequistas son mujeres y bastantes de cierta edad. Uno constata  que la iglesia sigue creciendo principalmente por esta disponibilidad  y "vocación materna " de la mujer y  ciertamente se confirma lo que dice  el reciente documento de Aparecida: “La mujeres  constituyen, en general, la mayoría de nuestras comunidades, son las primeras transmisoras  de la fe y colaboradoras y colaboradoras de los pastores” (nº 455)

Esta experiencia me ha permitido conocer   un poco mejor  a los catequistas de nuestra iglesia local y ver el interés de muchos   por  crecer en su vida cristina, por actualizar su formación, por entregar lo mejor de ellos mismos a los niños. Todas y todos, tras las labores de la casa, o después de una jornada intensa de trabajo, acudían un día a la semana,  por la noche,  dos horas, a recibir esta formación con ilusión y ganas de cultivar  su fe. En las clases salían comentarios  y se compartían experiencias interesantes de la vida  familiar, social y eclesial. Algunas de estas experiencias rezumaban  dolor y tragedia, como la que contaba  una mujer  que a su hijo le habían matado estando en el ejército y le hizo dudar, rebelarse… y al final aceptar serenamente  y con fe esta circunstancia en su vida familiar; otras alegres y esperanzadoras como la  aquel otro  que con alegría te cuenta que después de trabajar en el campo, cada día recorre su vereda  visitando las familias y están a punto de terminar  la capilla  organizando rifas para sacar fondos.

En el fondo, son historias tejidas  de trabajo, amor, ilusión y mucha fe heredada; quizá  no siempre esta fe es bien entendida, pero sí profunda y constituye la referencia de su vida sencilla. Todas y todos, creo que  se consideran privilegiados por anunciar el evangelio en un barrio de la ciudad  o en una vereda rural.

También pude constatar, al presentarme  y entregarles la información sobre lo que somos y hacemos los Hermanos de la Sagrada Familia,  el desconocimiento de  la vocación de Hermano, que en general existe, y la dificultad de su compresión.

Seguimos en ciertos ambientes sociales y eclesiales  sin apreciar  suficientemente el  gran valor  de la mujer  en la humanización de la vida y transmisión de la fe.

¡Cuan lejos estamos todavía! de reconocer, y promover   el genio femenino , como decía Juan Pablo II; de  valorar, "su indispensable y peculiar  participación  en la construcción de una vida social  más humana  y en la edificación de la Iglesia."

Hno. Fernando Cob