HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA
![]() |
ORACIONES VOCACIONALES
|
ORACIÓN POR LA PAZ
| Me pongo en tus manos | Ven delante | Señor Jesús | Te entrego mi vida |
|
haz de mí lo que quieras; sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas sus criaturas, no deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque tú eres mi Padre.
(Charles de Foucauld)
|
Oh, Señor, ve delante de nosotros para guiarnos, ve detrás de nosotros para impulsarnos, ve debajo de nosotros para levantarnos, ve sobre nosotros para bendecirnos, ve alrededor de nosotros para protegernos, ve dentro de nosotros para que, con cuerpo y alma, te sirvamos para gloria de tu nombre.
(N. Söderblom)
|
Señor Jesús, que llamas a quien quieres, llama a muchos de nosotros a trabajar contigo. Tú que iluminaste con tu palabra a los que llamaste, ilumínanos con el don de la fe en ti. Tú que los sostuviste en las dificultades, ayúdanos a vencer nuestras dificultades de jóvenes de hoy. Y si llamas a alguno de nosotros para consagrarlo como tuyo, que tu amor caldee esta vocación desde su nacimiento y la haga crecer y perseverar hasta el fin. Amén.
(Juan Pablo II)
|
Te entrego, Señor, mi vida; hazla fecunda. Te entrego, Señor, mi voluntad; hazla idéntica a la tuya. Toma mis manos; hazlas acogedoras. Toma mi corazón; hazlo ardiente. Toma mis pies; hazlos incansables. Toma mis ojos; hazlos transparentes. Toma mis horas grises; hazlas novedad. Toma mi niñez; hazla sencilla. Toma mis cansancios; hazlos tuyos. Toma mis veredas; hazlas tu camino. Toma mis mentiras; hazlas verdad. Toma mis muertes; hazlas vida. Toma mi pobreza; hazla tu riqueza. Toma mi obediencia; hazla tu gozo. Toma mi nada; hazla lo que quieras. Toma mi familia hazla tuya. Toma mis amigos; hazlos tuyos. Toma mis pecados, mis faltas de amor, mis permanentes desilusiones. Transfórmalo todo. Toma mis cruces y déjame volar. Toma mis flores marchitas y déjame ser libre. Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega, gozo desbordante al dar la vida, al gastarme en tu servicio.
|
| Miedo al Sí | Salmo desde la entrega total |
|
porque... ¿a dónde me vas a llevar?...
Tengo miedo a arriesgarme, a firmarte en blanco, de darte un SÍ, que genere una reacción de "sies" en cadena; y sin embargo... ¡no tengo paz!
Tú me persigues, Señor, me acechas por todas partes. Me aturdo con ruido porque temo oír tu voz; pero Tú te infiltras en el silencio. Me desvío del camino al verte, pero cuando llego al fondo del sendero, ¡ALLÍ ESTÁS TÚ!
¿Dónde podré esconderme si te encuentro siempre? No, no hay modo de esquivarte.
... Pero, es que tengo miedo de decirte que SÍ, Señor. Tengo miedo de alargarte la mano, porque la aferras en la tuya...
Tengo miedo de encontrarme con tu mirada, porque me seducirás...
Tengo miedo de tus exigencias, porque eres un Dios celoso...
Apuntas hacia mi, pero esquivo el blanco. Me aprisionas, pero me resisto. Y sigo combatiendo, sabiendo que estoy vencido.
Pero... es que, de veras, ¿se te puede resistir?... Señor, para que llegue tu Reino y no el mío, ayúdame a decir que SÍ.
Ayúdame a decir que SÍ, para que se haga tu voluntad y no la mía. |
Me conoces por dentro y por fuera y sabes muy bien todo lo que me ata y me impide seguirte por entero, sin condiciones.
Tú quieres habitar en mi corazón. Has llamado, has entrado y me has dicho: «Conmigo lo puedes todo». Algo dentro de mí empieza a cambiar y mi alma, que sin ti estaba muerta, comienza a revivir al sentir tu presencia.
¡Qué bueno eres conmigo, Señor! ¡Con qué cariño me mimas! ¡Con qué amor me miras! A pesar de alejarme tantas veces de ti, tú no dejas de estar a mi lado. A pesar de despreciarte en múltiples ocasiones, tú no te alejas ni un solo momento de mí. A pesar de todo, Señor, a pesar de todo, siempre estás conmigo.
Aunque yo parezca más fuerte que tú, tu bondad y tu amor pueden conmigo. A veces parece imposible que pueda cambiar, pero ahí estás tú, Señor, rompiendo mis cadenas. Rompiendo todas las ataduras que me alejan de ti. Por eso, Dios mío, te puedo decir con el corazón en la mano que aquí estoy, todo tuyo.
Contigo estoy vencido, Señor. Por más que luche, tú acabas conquistándome. Contigo nunca me perderé. Por más que ame lo que tú no amas, cuando te siento en mi alma termino amando lo que tú amas.
Tu mano poderosa me va cambiando por dentro. Soy todo tuyo. Tu brazo poderoso me aleja de las vanidades que me rodean. Soy todo tuyo. Tu mirada profunda, llena de amor, me arrastra hacia ti. Soy todo tuyo.
Poco a poco, sin que me dé cuenta, vas ganando terreno en mi alma y acabas venciéndome y liberándome a la vez.
Y, ahora, Señor, que estás dentro, puedo decirte que tu presencia es más dulce que la miel, más dulce que cualquier placer. Ahora, Señor, que estás dentro, puedo decirte que tu presencia es más íntima que mi misma intimidad; más grande que cualquier grandeza; más hermosa que cualquier hermosura.
Aquí estoy, sólo para ti, porque me haces libre de verdad; porque rompes todas las cadenas que me atan; porque me has traspasado el corazón y te he amado, porque te he gustado y ardo en deseos de tu amor.
Aquí estoy, sólo para ti, mi Dios. Aquí estoy, sólo para ti, porque eres mi Señor. Aquí estoy, sólo para ti. Eres mi Salvador. Aquí estoy, todo tuyo, sólo para ti.
|
|
Por nuestra propia vocación |
|
|
¡
Señor Creador y Redentor! Tú, que estás presente e invisible en el instante de nuestro primer palpitar, y cuando el agua santa limpia lo más íntimo de nuestra naturaleza pecadora, y en todos los momentos de nuestro agitado vivir hoy, sal a mi encuentro y al encuentro de cada hombre, y señala, con la luz de tu presencia percibida, cuál sea nuestro servicio dentro de la Iglesia y de la comunidad de los hombres, para que, empujados por tu gracia, cumplamos todos y cada uno con nuestra vocación. Señor Creador y Redentor, escucha nuestra plegaria. Amén .
|