ORACIONES

Al acercarme al agua de tu río
Alabanzas del Dios Altísimo
Alabanzas que se han de decir a todas horas
Amar como él ama
Antes de marcharme
Apréstate a partir
Bendiciones a Fr. León
Cántico del Hermano Sol
¿Cómo podrá alguien compadecerse?
Decir tu nombre, María
Del amor
Día tras día, mi Señor
Dime tú lo que quiero, que no lo sé
Dios está presente en todas partes
El Dios enteramente bueno
El Espíritu, agua que fecunda
El modo nuestro de proceder

El Universo cruje
En busca de Dios
Enséñame cómo buscarte...
Entra en la casa de mi Padre
Entre los más pobres
Eucaristía
Exhortación a la Alabanza de Dios
Exposición del Padre Nuestro
Hazme ir más despacio, Señor
Hemos escuchado tu voz
Himno del Universo
Huellas
Jesús, no tienes manos
La alegría como signo
Lo que tú quieras, Señor
Madre de nuestro silencio
Maldita sea la cruz
Más allá de las cosas
Me da miedo, Señor, decirte "sí"
Mi amado para mí
Nada te turbe
Nadie fue ayer
Oh Verbo de Dios amado
Oración ante el crucifijo de San Damián
Oración bizantina
Oración de la comunidad
Oración de la serenidad
Oración de los sentidos
Oración Sencilla
Oración y Acción de Gracias
Padre, me abandono en tus manos
Peticiones desoídas
Plegaria de las bienaventuranzas
Presencia del Señor
Promover el despertar del Espíritu
¿Qué mandáis hacer de mí?
Que me agarre a ti inseparablemente
Querido Dios
Que te conozca y me conozca
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
Quisiera callarme, Señor y esperarte
Salmo de la mano de Dios
Saludo a la bienaventurada Virgen María
Saludo a las Virtudes
Señor de mi vocación
Señor, déjame ciego
Sólo en tu mirada encuentro el perdón
Soneto a Cristo crucificado
Tarde te amé
Tú y yo nos vamos haciendo
Un mensajero del amor
Ven, Espíritu Santo Creador
Vengo a ti para que me acaricies
Vivo sin vivir en mí

Hazme ir más despacio, Señor

Acompasa el latir de mi corazón aquietando mi mente.
Apacigua mis apresurados pasos con la visión del alcance eterno del tiempo.
Ablanda la tensión de mis nervios y músculos con la música relajante de las melodías que perduran en mi memoria.
Ayúdame a experimentar el mágico poder restaurador del sueño.
Enséñame el arte de tomarme pequeñas vacaciones:
detenerme para mirar una flor,
charlar con una amistad,
acariciar un perro,
leer unas pocas líneas de un buen libro...
Hazme ir más despacio, Señor, e inspírame cómo echar raíces profundas en la tierra de los valores perennes de la vida,
para que pueda crecer hasta la cima de mi grandioso destino.
(San Francisco)

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Vengo a ti para que me acaricies

Vengo a ti para que me acaricies antes de comenzar el día.
Que tus ojos se posen un momento sobre mis ojos.
Que acuda a mi trabajo sabiendo que me acompañas, Amigo mío.
¡Pon tu música en mí mientras atravieso el desierto del ruido!
Que el destello de tu Amor bese las cumbres de mis pensamientos
y se detenga en el valle de mi vida, donde madura la cosecha.
¿No has oído sus pasos callados?
El viene, viene... siempre viene.
(R. Tagore)

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Tarde te amé

Tade te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí; yo, fuera.
Por fuera te buscaba
y me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por ti.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo ni conmigo.
Me retenían lejos las cosas.
No te veía ni te sentía, ni te echaba de menos.
Mostraste tu resplandor
y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por ti.
Gusté de ti, y siento hambre y sed.
Me tocaste, y me abraso en tu paz.
(San Agustín )

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Enséñame cómo buscarte...

Señor Dios, enséñame dónde y cómo buscarte,
dónde y cómo encontrarte...
Tú eres mi Dios, tú eres mi Señor,
y yo nunca te he visto.
Tú me has modelado y me has remodelado,
y me has dado todas las cosas buenas que poseo,
y aún no te conozco...
Enséñame cómo buscarte...
porque yo no sé buscarte si tú no me enseñas,
ni hallarte si tú mismo no te presentas a mí.
Que te busque en mi deseo ,
que te desee en mi búsqueda.
que te busque amándote
y que te ame cuando te encuentre.
(San Anselmo de Canterbury )

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Quisiera callarme, Señor y esperarte

Quisiera callarme, Señor y esperarte,
quisiera callarme, para que comprenda
lo que sucede en tu mundo.
Quisiera callarme, para estar junto a las cosas,
junto a todas tus criaturas y oír tu voz.
Quisiera callarme, para reconocer tu voz
entre otras muchas.
"Cuando todas las cosas
estaban en medio del silencio,
vino desde el trono divino,
oh Señor, tu palabra todopoderosa".
Quisiera callarme y sorprenderme
de que tú tienes una palabra para mí.
Señor, no soy digno de que tú vengas a mí,
pero di sólo una palabra,
y mi vida quedará transformada

Quisiera callarme, Señor y esperarte,

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¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!
¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos —respondía--,
para lo mismo responder mañana!
(Lope de Vega )

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Sólo en tu mirada encuentro el perdón

Sólo en tu mirada encuentro el perdón
Porque tú no me juzgas, no me rechazas, ni me exiges nada...
Sólo me esperas a la puerta, para que cuando regrese,
siempre la encuentre abierta...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el perdón...
porque sólo el que ama y recibe al otro,
perdona de verdad...
Y tú me aceptas y me quieres tal como soy...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el perdón...
y en ella sana la herida de mi alma...
porque tus ojos cicatrizan las huellas de mis culpas y debilidades...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el perdón...,
porque te colocas junto a mí,
junto a mis heridas, junto a mi dolor...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro amor, compasión,
calor que quema y apaga mi culpa y mi dolor...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro perdón...
palabra de aliento...,
caricia de brisa suave...,
abrazo de comprensión...
Jesús, tu mirada me libera
del peso de mi culpabilidad...,
de la condena de mis faltas...,
del rechazo de mis maldades...
Jesús, tu mirada me purifica
y tu corazón me santifica y me sana...
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el perdón...!
(M.J. Fernández. )

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Antes de marcharme

Llegará un día en que el sol, poniéndose,
me dé su postrer adiós.
Sólo pido que, antes de marcharme,
la tierra me diga por qué me llama a su seno;
por qué las estrellas me hablaron de silencio;
por qué la luz besó mi frente haciendo florecer mis pensamientos.
¡Ah! Que, antes de marcharme,
pueda retardar el final de mi última canción,
hasta terminarla;
que mi lámpara tenga un postrer destello
para contemplar tu rostro;
que esté concluida la guirnalda para coronarte.
(R. Tagore )

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Al acercarme al agua de tu río

Al acercarme al agua de tu río
lo que yo fui se fue desvaneciendo,
lo mucho que soñé se fue perdiendo
y de cuanto yo soy ya nada es mío.
Ya sólo en ti y en tu hermosura fío,
soy lo que eres, acabaré siendo
rastro de ti, y triunfaré perdiendo
en combate de amor mi desafío.
Ya de hoy no más me saciaré con nada;
sólo tú satisfaces con tu todo.
Un espejo seré de tu mirada,
esposados los dos, codo con codo.
Y, cuando pongas fin a mi jornada,
yo seré tú, viviendo de otro modo.
(José Luis Martín Descalzo )

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Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero…
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
(Santa Teresa )

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Huellas

Anoche tuve un sueño.
Soñé que caminaba por la playa
en compañía del Señor.
En la pantalla de la noche
se proyectaban los días de mi vida.
Miré hacia atrás y vi huellas sobre la arena:
una huella mía y otra del Señor.
Cuando se acabaron mis días
me paré y miré hacia atrás.
Vi que en algunos sitios había sólo una huella.
Esos sitios coincidían
con los días de mayor angustia, de mayor miedo,
de mayor dolor de mi vida.
Entonces pregunté al Señor:
"Tú dijiste que ibas a estar conmigo
todos los días de mi vida…
¿Por qué me dejaste solo,
justo en los peores momentos…?"
El Señor me respondió:
"Los días que has visto una sola huella sobre la arena,
han sido los días
en los que te he llevado en mis brazos".

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Me da miedo, Señor, decirte “sí”

Me da miedo, Señor, decirte “sí”,
porque... ¿a dónde me vas a llevar?
Me da miedo de que me toque la “gran suerte”.
Me da miedo firmar un acuerdo sin leerlo.
Me da miedo un “sí” que luego trae muchos “síes”...
Me da miedo poner mi mano en la tuya
porque... no me la vas a soltar.
Me da miedo mirarte a los ojos
porque me vas a hipnotizar.
Me da miedo lo que me vas a exigir
porque eres un Dios muy insistente...
(Michel Quoist )

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Un mensajero del amor

Bajaste desde tu trono
hasta la puerta de mi cabaña.
Yo cantaba solo en un rincón,
y mi canto llegó a tus oídos.
Bajaste hasta la puerta de mi cabaña.
Hay muchos artistas en tu palacio,
que entonan canciones a todas horas.
Pero el canto de este pobre aprendiz
llegó a conmover tu amor.
Era el son de una suave tonada
entre la gran música del mundo;
y, con una flor como premio,
bajaste hasta la puerta de mi cabaña.
(R. Tagore )

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Que me agarre a ti inseparablemente

Que me agarre a ti inseparablemente,
que te adore incansablemente,
que te sirva perseverantemente,
que te busque constantemente,
que te halle gozosamente,
que te posea eternamente.
Con estas palabras, alma mía,
pide fervientemente
a Dios que te encienda, que te inflame
y que te haga arder completamente
en deseos de él.
(San Anselmo )

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Día tras día, mi Señor

Día tras día, mi Señor,
te voy a pedir tres cosas:
verte más claramente,
amarte más tiernamente
y seguirte más fielmente.
Día tras día, día tras día, Señor...
(Esteban Schwartz )

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Plegaria de las bienaventuranzas

Temo, Señor, una pobreza sin subterfugios,
porque no comprendo la riqueza de la donación…
Miro con recelo toda aflicción,
pero es que no experimento la serenidad del consuelo…
Soy violento, hombre de espada y de golpe bajo,
y así pienso alcanzar un lugar digno en la tierra…
Hambre y sed de justicia me dan pánico;
por eso no me siento saciado, sino vacío…
Soy duro, inmisericorde, intransigente,
y, sin embargo, exijo toda la misericordia para mí…
Por eso te pido pobreza enriquecida.
Te pido aflicción consolada.
Sed y hambre de justicia te pido, para ser saciado.
Te pido ser misericordioso para alcanzar misericordia.
Déjame ser sincero de corazón porque deseo verte.
Te pido valentía para que me persigan por mi fidelidad.
Señor Jesús, Cristo magistral del cerro bienaventurado,
imprime estos "criterios de dicha" en mí.
(Norberto Alcover sj. )

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Dime tú lo que quiero, que no lo sé

Dime tú lo que quiero, que no lo sé.
Despoja a mis ansias de su velo…
Descúbreme mi mar,
mar de lo eterno…
Dime quién soy…, dime quién soy…, que vivo…
Revélame el misterio…
Descúbreme mi mar…
Ábreme mi tesoro,
mi tesoro, ¡Señor!
¡Ciérrame los oídos,
ciérramelos con tu palabra inmensa,
que no oiga los quejidos
de los pobres esclavos de la tierra…!
¡Que al llegar sus murmullos a mi pecho,
al entrar en mi selva,
me rompen la quietud!
(Miguel de Unamuno )

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Lo que tú quieras, Señor

Lo que tú quieras, Señor;
sea lo que tú quieras.
Si quieres que entre las rosas
ría hacia los matinales
resplandores de la vida,
sea lo que tú quieras.
Si quieres que, entre los cardos,
sangre hacia las insondables
sombras de la noche eterna,
sea lo que tú quieras.
Gracias si quieres que mire,
gracias si quieres cegarme;
gracias por todo y por nada;
sea lo que tú quieras.
Lo que tú quieras, Señor;
sea lo que tú quieras.
(Juan Ramón Jiménez )

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Nadie fue ayer

Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz
el sol…
y un camino virgen
Dios
(León Felipe )

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Nada te turbe,

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta
(Santa Teresa )

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Padre, me abandono en tus manos.

Padre, me abandono en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Hagas lo que hagas, te lo agradezco.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo.
Hágase tu voluntad en mí
y en todas las criaturas.
Esto es todo lo que quiero, Señor.
En tus manos, Señor, encomiendo mi alma.
Te lo agradezco con todo el amor de mi corazón
porque te quiero, Señor.
No puedo menos de ofrecerme a mí mismo,
de entregarme en tus manos,
sin reservas y con ilimitada confianza,
porque tú eres mi Padre.
(Carlos de Foucauld)

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Oración de la comunidad

Señor, tú me llamas a vivir en comunidad.
Y quieres que edifique la comunidad.
Me quieres en comunión con los otros,
no para estar mejor, ni ser más fuerte,
sino para que sea yo mismo.
La comunidad es fuerte si espera.
La comunidad es verdadera si ama.
La comunidad es santa si cada uno es santo.
Ser comunidad es existir para los demás.
Es encontrarse con los otros.
Es rezar con ellos.
Es dar muestras de la propia esperanza.
Sólo así podremos acercarnos
a los que no recibieron la fe
y ponerlos en tus manos.
Sólo así podremos sostenerla
en los que a duras penas la conservan.

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Entre los más pobres

Este es tu escabel, y tus pies se posan aquí,
entre los más pobres, los ínfimos y los abandonados.
Cuando trato de inclinarme ante ti, mi gesto no alcanza
la profundidad en la que se posan tus pies
entre los más pobres, los ínfimos y los abandonados.
La soberbia no puede acercarse adonde tú caminas,
vestido como los humildes,
entre los más pobres, los ínfimos y los abandonados.
Mi corazón nunca podrá hallar el camino
hasta donde tú estás acompañando
a los que no tienen compañía,
entre los más pobres, los ínfimos y los abandonados.
(R. Tagore)

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Querido Dios

Querido Dios,
no sé si hay gente capaz de contemplar cómo vives tú en la pobreza,
mientras ellos quieren seguir siendo ricos...
No puedo concebir que haya amor
sin un imperioso deseo de ser iguales;
especialmente, de compartir todas las penas
y contrariedades de la vida...
Cómo se puede ser rico, vivir confortablemente,
en medio de cosas de mi propiedad,
cuando tú has vivido pobre, incómodo,
fatigado y agobiado por el trabajo.
Yo no podría vivir de otra manera.
(Carlos de Foucauld)

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Amar como él ama

Amar como él ama,
ayudar como él ayuda,
dar como él da,
servir como él sirve,
estar con él las veinticuatro horas,
tocándole en su harapiento disfraz.
(Madre Teresa)

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Oración de la serenidad

Dios mío, concédeme serenidad
para aceptar lo que no puedo cambiar;
Valor para cambiar lo que puedo;
Y sabiduría para reconocer la diferencia.
(San Francisco de Asís)

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Que te conozca y me conozca

Concédeme conocerme a mí mismo
y conocerte a ti, Señor Jesús;
olvidarme a mí mismo y amarte a ti.
Que no piense sino en ti.
Que sepa mortificarme y vivir en ti.
Que todo cuanto me suceda lo reciba como tuyo.
Que siempre escoja ir detrás de ti.
Que aprenda a huirme a mí mismo
y a refugiarme junto a ti,
para que sea defendido por ti.
Que nada me atraiga sino tú.
Y que me haga pobre por ti.
Mírame para que yo te ame.
Llámame para que yo te vea,
para que por toda la eternidad goce de ti...
(San Agustín)

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Señor, déjame ciego

Señor, déjame ciego.
Llévame por tus caminos;
por los que sean tuyos.
Yo no quiero saber tu dirección,
porque soy tu hijo.
Tú, que eres el Padre de la Sabiduría,
eres también mi Padre.
Llévame a través de la noche,
pero llévame hasta ti.
(Bta. Edith Stein, carmelita)

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Oh Verbo de Dios amado

Oh Verbo de Dios amado,
enséñame a ser generoso,
a servirte como mereces,
a dar sin llevar cuenta,
a combatir sin temor a las heridas,
a trabajar sin buscar el descanso,
a gastarme sin más recompensa
que saber que estoy haciendo tu voluntad. Amén.

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Jesús, no tienes manos.

Jesús, no tienes manos.
Tienes sólo nuestras manos para construir
un mundo donde habite la justicia.
Jesús, no tienes pies.
Tienes sólo nuestros pies para poner
en marcha la libertad y el amor.
Jesús, no tienes labios.
Tienes sólo nuestros labios para anunciar
por el mundo la Buena Noticia de los pobres.
Jesús, no tienes medios.
Tienes sólo nuestra acción para lograr
que todos los hombres y mujeres seamos hermanos.
Jesús, nosotros somos tu Evangelio,
el único Evangelio que la gente puede leer,
si nuestras vidas son acciones y palabras eficaces.

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Madre de nuestro silencio

Madre de nuestro silencio,
tesoro de calma y serenidad,
te amamos por tu rostro lleno de luz,
por tu mirada llena de ternura,
por lo profundo de tus palabras silenciosas,
por tu trasparente disponibilidad.
Que en nuestras tareas cotidianas
nos abras a lo profundo de las cosas que no se ven,
nos ilumines con tu luz trasparente,
nos ensanches el corazón con el amor
y la verdad de lo que es importante,
nos contagies tu disponibilidad
ante las sorpresas de Dios.
Madre del silencio,
enséñanos a callar...
enséñanos a contemplar...
(M. J. Márquez)

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Decir tu nombre, María

Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.
Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.
Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.
Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.
Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.
Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.
Decir tu nombre, María,
es decir que toda muerte
puede ser también Su Pascua.
Decir tu nombre, María,
es decirte Toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.
(Pedro Casaldáliga)

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El modo nuestro de proceder

Señor: meditando el 'modo nuestro de proceder' he descubierto que el ideal de 'nuestro modo de proceder' es el modo de proceder 'tuyo'.
Dame, sobre todo, el 'sensus Christi'...: que yo pueda sentir con tus sentimientos, los sentimientos de tu Corazón con que amabas al Padre y a los hombres.
Enséñame a ser compasivo con los que sufren: con los pobres, con los leprosos, con los ciegos, con los paralíticos.
Enséñanos tu 'modo' para que sea 'nuestro modo' en el día de hoy y podamos realizar el ideal de Ignacio: ser compañeros tuyos, 'alter Christus', colaboradores tuyos en la obra de la redención
(Pedro Arrupe sj.)

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Peticiones desoídas

Yo había pedido a Dios poder para ser amado.
Y me he encontrado con el amor para no necesitar ser poderoso.
Yo le había pedido la salud para hacer grandes cosas.
Y me he encontrado con la enfermedad para hacerme grande.
Yo le había pedido la riqueza para ser feliz.
Y me he encontrado con la felicidad para poder vivir en la pobreza.
Yo le había pedido leyes para dominar a otros.
Y me he encontrado libertad para liberarlos.
Yo le había pedido admiradores para estar rodeado de gente.
Y me he encontrado amigos para no estar solo.
Yo le había pedido ideas para convencer.
Y me he encontrado respeto para convivir.
Yo le había pedido dinero para comprar cosas.
Y me he encontrado personas para compartir mi dinero.
Yo le había pedido una religión para ganarme el cielo.
Él sólo me ha dado su Hijo para acompañarme por la tierra.
Yo le había pedido de todo para gozar en la vida.
Él me ha dado la vida para que goce de todo.
Yo le había pedido ser un dios.
Él sólo pudo hacerme hombre.
(José A. García-Monge sj)

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¿Cómo podrá alguien compadecerse?
 

¿Cómo podrá alguien compadecerse,
si la tristeza nunca empañó sus ojos?
¿Cómo podrá tener un toque curativo
una mano que nunca ha temblado de dolor?
¿Cómo podrá acertar una palabra
que nunca se quebró por la amargura?
Un corazón roto está más preparado
para ayudar a otros corazones destrozados.
¿Cómo puede alguien saber curar,
si antes no le han curado de sus penas?
¿A dónde ir, cuando nos haga falta ayuda,
sino a quien, antes, ha sufrido de verdad?
(Anónimo)

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El Dios enteramente bueno

Tú no te contentas con las alabanzas de tus fieles.
Tu voluntad es que todos nos hagamos hermanos
para que puedas ser el Padre común de todos.
Por eso no aceptas que la violencia y la guerra
sean el horizonte irremediable.
Tú proclamas paz en medio de la guerra,
y por eso prefieres que tu Hijo muera
antes que entrar a matar.
Por eso cuando cometíamos el Crimen
tú nos perdonabas;
tú acogías las palabras de perdón de Jesús.
Así él se consumaba como Hijo.
Y en el abandono que sintió,
se reveló que tú eras nuestro Padre,
y que era la obediencia de Jesús,
su hermandad consumada,
la que nos hacía hijos tuyos.
Y así en este momento supremo se reveló
que tú eres Enteramente Bueno,
y que por eso no tomas venganza,
ni devuelves mal por mal.
Tú no tienes poder para quitarnos la vida;
ese poder no es divino.
Tu único poder es tu amor,
que es capaz de sufrir hasta el fondo la muerte de tus hijos
y de sacar vida aun de la misma muerte.
Esto es lo que has revelado en la resurrección de Jesús.:
el incontrastable poder de la Vida que nace del Amor.
(Pedro Trigo sj)

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Eucaristía

Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas;
hombre de la palabra creadora
que se hizo carne; fiero amor de vida
que no se sacia con abrazos, besos,
ni con enlace conyugal alguno.
Sólo comerte nos apaga el ansia,
pan de inmortalidad, carne divina.
Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,
¡oh Cordero de Dios!, manjar que te quiere,
quiere saber sabor de tus redaños,
comer tu corazón, y que su pulpa
como maná celeste se derrita
sobre el ardor de nuestra seca lengua:
que no es gozar en ti: es hacerte nuestro,
carne de nuestra carne, y tus dolores
pasar para vivir muerte de vida.
Y tus brazos abriendo como en muestra
de entregarte amoroso nos repites:
"¡Venid, comed, tomad: éste es mi cuerpo!".
Carne de Dios, Verbo encarnado, encarna
nuestra divina hambre carnal de ti.
(Miguel de Unamuno)

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Del amor

Cuando el amor les llegue, síganlo.
Aunque sus senderos sean arduos y penosos.
Y cuando les envuelva bajo sus alas, entréguense a él.
Aunque la espada escondida entre sus plumas les hiera.
Y cuando les hable, crean en él.
Aunque su voz sacuda sus sueños como hace el viento del norte, que arrasa los jardines.
Porque igual que el amor les regala a ustedes, así los crucifica.
Porque así como les hace prosperar, así también les siega.
Así como se remonta a lo más alto y acaricia sus ramas más delicadas que tiemblan al sol, así descenderá hasta sus raíces y las sacudirá desarraigándolas de tierra.
Como a mazorcas de maíz les recogerá.
Les desgranará hasta dejarles desnudos.
Les cernerá hasta librarles de su pellejo.
Les molerá hasta conseguir la indeleble blancura.
Les amasará para que lo dócil y lo flexible brote de la dureza de ustedes.
Y les destinará luego al fuego sagrado, para que puedan convertirse en el sagrado pan para el sagrado banquete de Dios.
Todo esto hará el amor con ustedes, para que conozcan los secretos de su propio corazón…
Cuando amen, no digan: "Dios está en mi corazón", sino "Estoy en el corazón de Dios".
Y no crean que podrán dirigir el curso del amor: será él quien, si les halla dignos, dirigirá su curso…
(G. Jalil Gibrán)

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Soneto a Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muévenme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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Maldita sea la cruz

Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.
Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.
Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.
Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.
Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.
Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
— quizás en nombre de Cristo—
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.
¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!
(Pedro Casaldáliga)

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El Universo cruje

Cristo es el aguijón que espolea a la criatura por el camino del esfuerzo, del agotamiento, del desarrollo. Es la espada que separa, sin piedad, a los miembros indignos o podridos. Es la Vida más fuerte que mata inexorablemente los egoísmos para acaparar toda su potencia de amar.
Para que Jesús penetre en nosotros es necesario, alternativamente, el trabajo que dilata y el dolor que mata, la vida que hace crecer al hombre para que sea santificable y la muerte que le disminuye para que sea santificado…
El Universo cruje; se escinde dolorosamente en el corazón de cada mónada, a medida que nace y crece la Carne de Cristo. Lo mismo que la Creación, a la que rescata y supera, la Encarnación, tan deseada, es una operación terrible; se realiza por medio de la Sangre.
¡Que la sangre de Jesús… se mezcle con el dolor del Mundo!…
(Teilhard de Chardin sj.)

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Entra en la casa de mi Padre

Cuando tuve hambre, tú me diste de comer,
cuando tuve sed, me diste de beber.
Lo que hagas al más pequeño de los míos,
es a mí a quien lo haces.
Ahora, entra en la casa de mi Padre.
Cuando yo no tenía vivienda, tú abriste tus puertas.
Cuando estaba desnudo, me tendiste tu manto.
Cuando estaba cansado, me ofreciste reposo.
Cuando esta intranquilo, calmaste mis tormentos.
Cuando era niño, me enseñaste a leer.
Cuando esta solo, me trajiste el amor.
Cuando estaba en la cárcel, viniste a mi celda.
Cuando estaba en cama, me cuidaste.
En país extranjero, me diste buena acogida.
Sin trabajo, me encontraste empleo.
Herido en combate, vendaste mis heridas.
Buscando la bondad, me tendiste la mano.
Cuando yo era negro, o amarillo o blanco,
insultado y enardecido, tú llevaste mi cruz.
Cuando era anciano, me ofreciste una sonrisa.
Cuando estaba preocupado, compartiste mi pena.
Me viste cubierto de salivazos y de sangre,
me reconociste bajo mis facciones sudorosas.
Cuando se burlaban de mí, estabas cerca de mí.
Y cuando yo era feliz, compartías mi alegría.
Es preciso que nosotros llevemos esta vida dura,
para poder continuar trabajando entre los hombres.
La obra es nuestra única manera de expresar nuestro amor a Dios.
Es preciso que nuestro amor se derrame sobre cualquiera,
y las gentes nos proporcionen el medio
de expresarle nuestro amor a Dios.
Dios da lo que hace falta.
Lo da a las flores y a los pájaros
Y a todo lo que ha creado en el universo.
Y los niños pequeños son su vida.
Nunca será suficiente...
(M. Teresa de Calcuta)

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Presencia del Señor

Siento la voz divina de tu boca,
acariciar mi oído tiernamente,
tu aliento embriagarme, y en mi frente
la mano que ilumina cuanto toca.
Mi antiguo corazón de amarga roca
ha brotado divina, oculta fuente,
y una armonía dulce y sorprendente
a su celeste amor, fiel me convoca.
La soledad, la noche en que vivía,
el hondo desamparo y desconsuelo,
la triste esclavitud que me perdía,
son ahora, presencia, luz sin velo,
son amor, son verdad, son alegría,
¡son libertad en ti, Señor, son cielo!
(Bartolomé Llorens)

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Ven, Espíritu Santo Creador.

Ven, Espíritu Santo Creador.
Ven a visitar el corazón
y llena con tu gracia viva y eficaz
nuestras almas, que tú creaste por amor.
Tú, a quien llaman el Gran Consolador,
Don del Altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
Tú, Dios que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres Tú la promesa que el Padre nos dio,
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón enamorar,
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con tu fuerza constante habrás de reafirmar.
Lejos al opresor aparta ya,
tu paz danos pronto, sin tardar.
Y, siendo nuestro guía, nuestro Conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, el Hijo, comprender,
y a Ti, Dios, que procedes de su mutuo amor,
te creamos con sólida y ardiente fe.
Alabemos al Padre, nuestro Dios,
y a su Hijo que resucitó,
también al Santo Espíritu Consolador,
por los siglos y siglos gloria y bendición. Amén.

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El Espíritu, agua que fecunda

El Señor nos prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de Dios. Pues del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto…
Necesitamos de este rocío divino para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego. Y, ya que tenemos quién nos acusa, tengamos también un Abogado, pues que el Señor recomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses.
(San Ireneo)

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Promover el despertar del Espíritu

Lo que Tú quieres, Jesús, es todo mi ser, el fruto con el árbol; el trabajo producido, además de la potencia cautivada; el opus y la operatio. Para aplacar tu hambre y tu sed, para alimentar tu cuerpo hasta su pleno desarrollo, tienes necesidad de encontrar entre nosotros una sustancia que Tú puedas consumir. Ese alimento pronto a transformarse en ti, ese sustento de tu carne yo te lo prepararé liberando en mí, y en todas partes, el Espíritu.
El Espíritu mediante el esfuerzo (incluso natural) para saber lo verdadero, para vivir el bien, para crear lo hermoso…
El Espíritu, mediante la separación de las potencias inferiores y malas…
El Espíritu mediante la práctica social de la Caridad, la única que puede reducir a la multitud a un alma única…
Promover, por poco que sea, el despertar del Espíritu en el mundo, supone ofrecer al Verbo Encarnado un crecimiento de realidad y de consistencia; es permitir que su influencia sea más densa a nuestro alrededor.
(Teilhard de Chardin sj, Himno del Universo).

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Señor de mi vocación

Señor de mi vocación, acá estoy como antaño,
esperando que me empujes,
deseando que me alientes,
rogándote que me sostengas;
porque he dejado jirones de tu llamada en el camino
y experimento la tristeza de la infidelidad;
porque me he entregado a los demás con egoísmo
y experimento la vergüenza de mi mentira;
porque he huido una y otra vez del dolor,
y experimento el dolor de la cobardía.
Señor de mi vocación, acá estoy como antaño,
para entregarte los despojos de mi batalla:
signo de mi debilidad culpable
y signo de mi valentía entusiasta.
Si me he arriesgado, ha sido por ti.
Si he peleado, ha sido por ti.
Si he sido vencido, ha sido por ti.
No es válida excusa, pero sí humilde confesión.
Señor de mi vocación, sigue siendo mi único Señor.
Que no me venda a nada ni a nadie.
Que no me canse jamás.
Que mi testimonio seas siempre tú.
Que al anochecer de cada día,
pueda sentir tu mirada en la mía,
como bastón poderoso para mi limitación.
Señor de mi vocación, acá estoy como antaño,
diciéndote de nuevo que sí.
(Norberto Alcover sj)

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Hemos escuchado tu voz

Hemos escuchado la voz de tu Hijo
y le hemos dicho que sí.
Ya no queremos vivir para nosotros,
sino para que venga tu Reino.
Queremos vivir como los perros rastreando tu paso;
queremos vivir como los esclavos atentos a la voz de su dueño;
queremos vivir como los negociantes,
como los jugadores,
como los policías y los ladrones,
siempre atentos, vigilantes.
Queremos vivir, Señor, como los amantes,
porque es tu amor el que nos hace atentos.
Él nos lleva, como a ti,
a escuchar el clamor del oprimido;
él nos lleva a servirte en el pueblo creyente y pobre;
él nos lleva a obedecer estos signos de los tiempos.
Queremos vivir en obediencia a tu voz
que nos dice “ven”,
y que cuando nos has convertido
nos dice “ve a mi pueblo”.
Señor, como queremos obedecer,
te pedimos capacidad para escuchar
no sólo el clamor de la agresión,
sino las voces de tu pueblo
que nos señalan caminos.
Líbranos de la tentación de encerrarnos
en ideologías autosuficientes,
en grupos foquistas de clarividentes,
o en tu evangelio como si fuera un recetario
que nos dispensara del esfuerzo de oír,
aprender y ensayar todos los días.
(Pedro Trigo sj)

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Apréstate a partir

Apréstate a partir, corazón,
pues tu nombre ha sido pronunciado con el alba. Que los otros, si quieren, se queden.
¡Tú no aguardes a nadie!
Si el capullo necesita de la noche y del rocío,
la flor abierta clama por la luz...
¡Libertad!
¡Revienta tu pecho, corazón!
¡Busca la luz!
(R. Tagore)

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En busca de Dios

¡Te necesito, Señor!,
porque sin ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante ti.
¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que tú has creado;
en la trasparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.
¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre
y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño
y en el ruido de la muchedumbre.
¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso
y, un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo.

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Dios está presente en todas partes,

Dios está presente en todas partes,
especialmente en la gente.
Su alegría está en la sonrisa de un bebé.
Su amor por nosotros, en el afecto de un niño.
Su vigor, en la energía de un adolescente.
Su poder, en las fuerzas de un atleta.
Su Belleza, en el rostro de una joven.
Su interés, en la devoción de unos padres.
Su sabiduría, en la presencia de los ancianos.
Cada persona tiene, dentro de sí,
algo de la bondad de Dios.
No conviene que nuestra timidez o nuestra modestia nos conviertan en unos malos operarios. Si realmente podemos influir con nuestra fe en Jesús en el desarrollo del Mundo, no tenemos perdón al dejar dormir en nosotros ese poder…
(Teilhard de Chardin).

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Himno del Universo

(Teilhard de Chardin sj.)

Desde que Jesús nació, desde que terminó de crecer, desde que murió, todo ha seguido moviéndose, porque Cristo no ha terminado de formarse. No ha atraído hacia sí los últimos pliegues de su Vestido de carne y de amor que constituyen sus fieles. El Cristo místico no ha alcanzado su pleno crecimiento, ni, por tanto, el Cristo cósmico. Uno y otro, al mismo tiempo, son y están siendo, y en la prolongación de este engendrar está situado el resorte último de toda actividad creada. Cristo es el Término de la Evolución, incluso natural, de los seres; la Evolución es santa…

Cuando se me fue dado ver hacia dónde tendía el deslumbrador reguero de las hermosuras individuales y de las armonías parciales, descubrí que todo eso volvía a centrarse en un solo Punto, en una Persona, ¡la tuya…, Jesús…! Toda presencia me hace sentir que Tú estás cerca de mí; todo contacto es el de tu mano; toda necesidad me transmite una pulsación de tu Voluntad…

Tu humanidad palestiniana se ha ido extendiendo poco a poco por todas partes, como un arco iris innumerable en el que tu Presencia, sin destruir nada, penetraba, superanimándola, cualquier otra presencia a mi alrededor… ¡En un Universo que se me descubría en estado de emergencia, Tú has ocupado, por derecho de Resurrección, el punto clave del Centro total en el que todo se concentra!

Tú eres, Jesús, el resumen y la cima de toda perfección humana y cósmica. No hay una brizna de hermosura, ni un encanto de bondad, ni un elemento de fuerza que no encuentre en Ti su expresión más pura y su coronación…

¡Oh Cristo Jesús!, en tu benignidad y en tu Humanidad sustentas verdaderamente toda la implacable grandeza del Mundo. Y es en virtud… de esa inefable síntesis, realizada en Ti… que mi corazón, enamorado de las realidades cósmicas, se entrega apasionadamente a Ti.

Te amo, Jesús, por la Multitud que se refugia en Ti y a la que se oye bullir, orar, llorar juntamente con todos los demás seres…, cuando uno se aprieta contra Ti.

Te amor por la trascendente e inexorable fijeza de tus designios…

Te amo por la Fuente, el Medio activo y vivificante, el Término y la Solución del Mundo, incluso natural, y de su Porvenir.

Centro en donde todo se encuentra y que se extiende a todas las cosas para atraerlas hacia sí, te amo por las prolongaciones de tu Cuerpo y de tu Alma en toda la Creación, por medio de la Gracia, de la Vida, de la Materia.

Jesús, dulce como un Corazón, ardiente como una Fuerza, íntimo como una Vida; Jesús, en quien puedo fundirme, con quien debo dominar y liberarme, te amo como un Mundo, como el Mundo que me ha seducido, y eres Tú, ahora me doy cuenta de ello, a quien los hombres, mis hermanos, incluso los que no creen, sienten y persiguen a través de la magia del gran Cosmos.

Jesús, centro hacia el que todo se mueve, dígnate disponernos, a todos, si es posible, un lugar entre las mónadas elegidas y santas que, desprendidas una a una del caos actual por tu gran solicitud, se suman lentamente a Ti en la unidad de la Tierra Nueva….

Cristo glorioso, Influencia secretamente difundida en el seno de la Materia y Centro deslumbrador en el que se centran las innumerables fibras de lo Múltiple; Potencia implacable como el Mundo y cálida como la Vida; Tú en quien la frente es de nieve, los ojos de fuego, y los pies son más centelleantes que el oro en fusión; Tú, cuyas manos aprisionan las estrellas; Tú que eres el primero y el último, el vivo, el muerto y el resucitado; Tú que concentras en tu unidad exuberante todos los encantos, todos los gustos, todas las fuerzas, todos los estados; a Ti era a quien llamaba mi ser con una ansia tan amplia como el Universo: ¡Tú eres realmente mi Señor y mi Dios! ¡Escóndeme en Ti, Señor!…

En la Vida que brota en mí, en esta Materia que me sostiene, hallo algo todavía mejor que tus dones: te hallo a Ti mismo; a Ti, que me haces participar de tu Ser y que me moldeas…

Ahora que ya te poseo, Consistencia suprema, y que me siento llevado por Ti, me doy cuenta de que el fondo secreto de mis deseos no era abrazar, sino ser poseído.

No es como el rayo, ni como una sutil materia, sino como Fuego, como yo te deseo, y como te he adivinado, en la intuición del primer encuentro. No encontraré reposo, me doy perfecta cuenta de ello, más que si una influencia activa procedente de Ti cae sobre mí para transformarme…

No seáis para mí, Jesús, tan solo un hermano, ¡sed también un Dios! Ahora, revestido de la potencia formidable de selección que os sitúa en la cima del Mundo como el principio de atracción universal y de universal repulsión, me aparecéis, en verdad, como la Fuerza inmensa y viviente que buscaba por todas partes, para poder adorarlas…

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Mi amado para mí

Ya toda me entregué y di
y de tal suerte he trocado
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
(Santa Teresa)

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Más allá de las cosas

Quiero romper toda noche, Señor,
que me impida ver la aurora.
Me resisto a quedar atrapado
en el espacio ni en el tiempo
y vivir tan solo “acá y ahora”.
No soporto la tiniebla.
Busco la luz y el horizonte.
Y sin embargo,
cuando toco algo con las punta de los dedos
o aprisiono a alguien con mis manos,
o logro la ilusión de algo apetecido,
hay algo que no toco, que no alcanzo, no consigo;
hay algo que intuyo en lo profundo y que no veo,
hay algo más allá de las montañas y el mar,
hay algo más por encima del cielo y las estrellas,
hay algo más allá de mi frágil e inquieto caminar.
Cuando lucho por algo y lo alcanzo, algo se acaba.
Cuando deseo y lo poseo, algo termina.
Cuando sueño y lo hago realidad, algo se escapa.
Cuando creo, se me asoma la duda.
Cuando espero, se me aleja la utopía.
Cuando amo, se me achica la entrega.
¡Señor de la Vida! Quiero vivir sin sufrir de que se termine.
¡Señor del amor! Quiero amar sin definir los límites.
¡Señor de lo grande! Quiero en plenitud ser libre.
¡Señor de lo absoluto! Quiero llegar.
¡Señor de la esperanza! Quiero vivir en casa, en paz.
Acá estoy, en busca de una entrega sin facturas,
resistiéndome a “morir por morir”,
porque tú me invitas a vivir para siempre.
Quiero vivir en verdad, camino hacia la luz:
vivir disponible, mi libre libertad;
vivir sin dobles intenciones, camino de humilde perfección;
vivir tu justicia que iguala a desiguales;
vivir tu esperanza, que oxigena la vida;
vivir de tu amor, que crea Resurrección.

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La alegría como signo

Que tu alegría, Jesús brille en nuestros rostros.
Enséñanos a ser alegres como tú.
Alegres porque tanto nos amó el Padre
que te envió para nuestra salvación.
Alegres porque has venido,
has compartido nuestras penas,
y nos has dado la mayor prueba de amistad.
Alegres porque siempre estás con nosotros,
presente en nuestra historia.
Alegres porque nos estás preparando un lugar
en el que podamos compartir plenamente tu gozo.
Concédenos, Jesús, la felicidad de entregar nuestras vidas al servicio de los demás.
Y que nuestro compromiso por los marginados sea nuestra mayor fuente de felicidad.
Concédenos la felicidad de los pobres con Espíritu, con hambre y sed de justicia.
Danos esa felicidad que sólo tú sabes dar en medio de incomprensiones y persecución.
Que las pruebas y persecuciones,
llevadas en la alegría del Espíritu,
nos ensanchen el corazón y se conviertan
en riqueza de generosidad para con todos.
Tú que eres nuestro único bien, Señor,
nos haces entrever perspectivas de gozo eterno.,
pues sabemos que cuando nos encontremos cara a cara,
nuestro corazón se llenará de un gozo inenarrable,
que nadie podrá ya sacarnos jamás.
Sabemos que en todo triunfaremos
gracias a la fuerza de tu Amor.

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Salmo de la mano de Dios

Tú sostienes las miles de flores no miradas,
los ríos, aves y árboles; las olas y los vientos.
¡Oh cómo te desvelas atizando la lumbre
de un insecto que pudo lo mismo no haber sido!
Acudes de uno en otro:
de la piedra ignorada en el fondo del agua
al gusano que roe su madera,
como si eso pudiera serle contado un día.
Pienso el viento en el mar,
clamando en soledad siglos y siglos
—para dejarlo todo lo mismo que al principio—
desde el día que hablaste hasta que calles.
¡Oh!, ¿cómo no te olvidas siquiera un solo instante,
pues que nadie te mira y nada ha de quedar?
Si toco una piedra,
tú me la has sostenido durante miles de años,
velando cada día para que hoy estuviese.
¡Y tantas, tantas cosas,
tantos ríos corriendo sin descanso,
sin pararse a tomar aliento nunca,
tantos bosques y pájaros sin cesar floreciendo
por si algún día un hombre los mirase al pasar!…
(José María Valverde)

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¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací :
¿Qué mandáis hacer de mí?…
Vuestra soy, pues me creasteis;
vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis;
vuestra, pues que me llamasteis;
vuestra, pues, porque me esperasteis;
vuestra, pues no me perdí:
¿Que mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo lo pongo en vuestra palma:
Mi cuerpo, mi vida y mi alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redentor,
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿Qué queréis hacer de mí?…
Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?
(Sta. Teresa de Jesús)

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Tú y yo nos vamos haciendo

En ti estoy,
de ti vengo,
a ti voy.
Estás fuera de mí,
puedo encerrarme.
Estás dentro de mí,
puedo encerrarte.
No puedo dejar
de estar en ti.
Mi carne
extiende raíces
que llegan hasta ti.
Puedo olvidarlo.
Mi espíritu
es una chispa
que brota
de tu incendio.
Puedo ignorarlo.
No puedo dejar
de venir de ti.
Mis ojos
buscan su horizonte.
Mi corazón,
su hogar universal.
Puedo extraviarme
en una encrucijada.
Puedo paralizarme
en algún hogar.
No puedo dejar
de ir hacia ti.
No vi tu rostro
cuando salí de ti.
No fue una despedida.
Allí empezó
un encuentro sin orillas.
Cada tarde
añado en mi lienzo
un nuevo rasgo tuyo.
Cada tarde
añades en tu lienzo
un nuevo rasgo mío.
En medio del camino
al adivinar una frente,
al estrechar una mano,
al mirar unos ojos,
al nacer el futuro,
al morir el presente,
yo te descubro,
yo me descubro.
Dentro de mí,
los dos a la par,
uno hacia el otro,
nos vamos haciendo…
Ahora te veo,
Señor marginado,
maestro sirviendo,
madre exprimida,
padre sin nada,
infinito pidiendo,
libre clavado.
Ahora te veo,
pueblo en camino.
Y en este misterio
se pierden mis días,
mis razones
y mis sueños.
Tú y yo
nos vamos haciendo
tu pueblo.
(B. González Buelta sj.)

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Oración de los sentidos

Señor Jesús:
Abre mis oídos
para escuchar
tu cálida voz
en cada sonido
que percibo.

Abre mis ojos
para observar
Tu bella luz
que se refleja
en todo lo creado.

Abre mi olfato
para sentir
Tu fragancia
exquisita y pura
en cada
ser humano.

Abre mi boca
para saborear
Tu infinita bondad
en todo
lo que acontece
en este día.

Abre mis manos
para palpar
tu presencia
en cada persona
que se acerca.

Abre mi corazón
para amarte
en todo y todos
obra perfecta
de tu creación.

Abre mi voluntad
para que la inundes
con la tuya
y así servirte
plenamente por siempre.

Amén.
(Manuel Izquierdo)

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Oración bizantina

Serena Luz,
brillando en el centro de mi ser,
Atráeme hacia Ti
Atráeme más allá de los sentidos
Fuera de los enredos de la mente
Líbrame de los símbolos,
de las palabras
Para que yo pueda descubrir
Lo Significado
La Palabra no hablada
En la oscuridad
que vela el centro de mi ser.
Amén.

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Oración Sencilla

Oh Señor, haz de mi un instrumento de tu paz:

Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la unión.
Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.

Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
A ser consolado, sino a consolar.
A ser comprendido, sino a comprender.
A ser amado, sino a amar.

Porque:
Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
(San Francisco)

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Saludo a las Virtudes

¡Salve, reina sabiduría!,
el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez.
¡Señora santa pobreza!,
el Señor te salve con tu hermana la santa humildad.
¡Señora santa caridad!,
el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia.
¡Santísimas virtudes!,
a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis.

No hay absolutamente ningún hombre
en el mundo entero que pueda tener una de vosotras
si antes él no muere.
El que tiene una y no ofende a las otras, las tiene todas.
Y el que ofende a una,
no tiene ninguna y a todas ofende.
Y cada una confunde a los vicios y pecados.
La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus malicias.
La pura santa sencillez confunde
a toda la sabiduría de este mundo
y a la sabiduría del cuerpo.

La santa pobreza confunde a la codicia
y avaricia y cuidados de este siglo.
La santa humildad confunde a la soberbia
y a todos los hombres que hay en el mundo,
y igualmente a todas las cosas que hay en el mundo.
La santa caridad confunde a todas las tentaciones diabólicas
y carnales y a todos los temores carnales.
La santa obediencia confunde
a todas las voluntades corporales y carnales,
y tiene mortificado su cuerpo
para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano,
y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo,
y no únicamente a solos los hombres,
sino también a todas las bestias y fieras,
para que puedan hacer de él todo lo que quieran,
en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor.
(San Francisco)

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Saludo a la bienaventurada Virgen María

Salve, Señora, santa Reina,
santa Madre de Dios, María,
que eres virgen hecha iglesia
y elegida por el santísimo Padre del cielo,
a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la cual estuvo y está toda la plenitud
de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo;
salve, tabernáculo suyo;
salve, casa suya.
Salve, vestidura suya;
salve, esclava suya; salve,
Madre suya y todas vosotras,
santas virtudes,
que sois infundidas por la gracia
e iluminación del Espíritu Santo
en los corazones de los fieles,
para que de infieles hagáis fieles a Dios.
(San Francisco)

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Alabanzas del Dios Altísimo

Tú eres santo, Señor Dios único,
que haces maravillas .
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo,
tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo,
rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses,
tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres amor, caridad;
tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia,
tú eres belleza, tú eres mansedumbre,
tú eres seguridad, tú eres quietud,
tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza
y alegría, tú eres justicia,
tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre;
tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro;
tú eres fortaleza , tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra,
tú eres toda dulzura nuestra, tú
eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor,
Dios omnipotente, misericordioso Salvador.
(San Francisco)

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Bendición a Fr. León

El Señor te bendiga y te guarde;
te muestre su faz
y tenga misericordia de ti.
Vuelva su rostro a ti
y te dé la paz.
El Señor te bendiga, hermano León.
(San Francisco)

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Alabanzas que se han de decir en todas las Horas

Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente,
el que es y el que era y el que ha de venir
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la alabanza,
la gloria y el honor y la bendición:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Digno es el cordero, que ha sido degollado,
de recibir el poder y la divinidad
y la sabiduría y la fortaleza
y el honor y la gloria y la bendición:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos
y los que teméis a Dios, pequeños y grandes:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Los cielos y la tierra alábenlo a él que es glorioso:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Y toda criatura que hay en el cielo y sobre la tierra,
y las que hay debajo de la tierra
y del mar, y las que hay en él:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Como era en el principio y ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.

Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.

Oración:
Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios,
todo bien, sumo bien, total bien,
que eres el solo bueno,
a ti te ofrezcamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia,
todo honor, toda bendición y todos los bienes.
Hágase. Hágase. Amén.
(San Francisco)

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Exposición del "Padre Nuestro"

Oh santísimo Padre nuestro: creador,
redentor, consolador y salvador nuestro.
Que estás en el cielo: en los ángeles y en los santos;
iluminándolos para el conocimiento, porque tú, Señor, eres luz;
inflamándolos para el amor, porque tú, Señor, eres amor;
habitando en ellos y colmándolos para la bienaventuranza,
porque tú, Señor, eres sumo bien, eterno bien,
del cual viene todo bien, sin el cual no hay ningún bien.

Santificado sea tu nombre:
clarificada sea en nosotros tu noticia,
para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios,
la largura de tus promesas, la sublimidad de la majestad
y la profundidad de los juicios.

Venga a nosotros tu reino:
para que tú reines en nosotros por la gracia
y nos hagas llegar a tu reino, donde la visión de ti es manifiesta,
la dilección de ti perfecta, la compañía de ti bienaventurada,
la fruición de ti sempiterna.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo:
para que te amemos con todo el corazón,
pensando siempre en ti; con toda el alma,
deseándote siempre a ti; con toda la mente,
dirigiendo todas nuestras intenciones a ti,
buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas,
gastando todas nuestras fuerzas y los sentidos
del alma y del cuerpo en servicio de tu amor y no en otra cosa;
y para que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos,
atrayéndolos a todos a tu amor según nuestras fuerzas,
alegrándonos del bien de los otros como del nuestro
y compadeciéndolos en sus males
y no dando a nadie ocasión alguna de tropiezo.

Danos hoy nuestro pan de cada día:
tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo:
para memoria e inteligencia y reverencia del amor
que tuvo por nosotros, y de lo que por nosotros
dijo, hizo y padeció.

Perdona nuestras ofensas:
por tu misericordia inefable,
por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y
por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen
y de todos tus elegidos.

Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden:
y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor,
que lo perdonemos plenamente, para que, por ti,
amemos verdaderamente a los enemigos,
y ante ti por ellos devotamente intercedamos,
no devolviendo a nadie mal por mal,
y nos apliquemos a ser provechosos para todos en ti.

No nos dejes caer en la tentación:
oculta o manifiesta, súbita o importuna.

Y líbranos del mal: pasado, presente y futuro.
Gloria al Padre, etc.
(San Francisco)

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Oración y acción de gracias

Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios,
Padre santo y justo,
Señor rey del cielo y de la tierra,
por ti mismo te damos gracias, porque,
por tu santa voluntad y por tu único Hijo con el Espíritu Santo,
creaste todas las cosas espirituales y corporales,
y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, nos pusiste en el paraíso.
Y nosotros caímos por nuestra culpa.

Y te damos gracias porque,
así como por tu Hijo nos creaste,
así, por tu santo amor con el que nos amaste,
hiciste que él, verdadero Dios y verdadero hombre,
naciera de la gloriosa siempre Virgen la beatísima santa María,
y quisiste que nosotros, cautivos, fuéramos
redimidos por su cruz y sangre y muerte.

Y te damos gracias porque
ese mismo Hijo tuyo vendrá en la gloria
de su majestad
a enviar al fuego eterno a los malditos,
que no hicieron penitencia y no te conocieron,
y a decir a todos los que te conocieron
y adoraron y te sirvieron en penitencia:

Venid, benditos de mi Padre,
recibid el reino
que os está preparado desde
el origen del mundo (cf. Mt 25,34). Y porque todos nosotros,
miserables y pecadores,
no somos dignos de nombrarte,
imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo amado, en quien bien te complaciste,
junto con el Espíritu Santo Paráclito,
te dé gracias por todos como a ti y a él os place,
él que te basta siempre para todo
y por quien tantas cosas nos hiciste. Aleluya.

Y a la gloriosa madre,
la beatísima María siempre Virgen,
a los bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael,
y a todos los coros de los bienaventurados serafines,
querubines, tronos, dominaciones, principados,
potestades, virtudes, ángeles, arcángeles,
a los bienaventurados Juan Bautista,
Juan Evangelista, Pedro, Pablo,
y a los bienaventurados patriarcas,
profetas, Inocentes, apóstoles, evangelistas,
discípulos, mártires, confesores, vírgenes,
a los bienaventurados Elías y Enoc,
y a todos los santos que fueron y que serán y que son,
humildemente les suplicamos por tu amor
que te den gracias por estas cosas como te place,
a ti, sumo y verdadero Dios,
eterno y vivo, con tu Hijo carísimo,
nuestro Señor Jesucristo,
y el Espíritu Santo Paráclito,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
(San Francisco)

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Oración ante el Crucifijo de San Damián

Sumo, glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento,
Señor, para que cumpla tu santo
y verdadero mandamiento.
(San Francisco)

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Exhortación a la Alabanza de Dios.

Temed al Señor y dadle honor.
Digno es el Señor de recibir alabanza y honor.
Todos los que teméis al Señor, alabadlo.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Alabadlo, cielo y tierra.
Alabad todos los ríos al Señor.
Bendecid, hijos de Dios, al Señor.
Éste es el día que hizo el Señor,
exultemos y alegrémonos en él.
¡Aleluya, aleluya, aleluya! ¡Rey de Israel!
Todo espíritu alabe al Señor.
Alabad al Señor, porque es bueno;
todos los que leéis esto, bendecid al Señor.
Todas las criaturas, bendecid al Señor.
Todas las aves del cielo, alabad al Señor.
Todos los niños, alabad al Señor.
Jóvenes y vírgenes, alabad al Señor.
Digno es el cordero, que ha sido sacrificado,
de recibir alabanza, gloria y honor.
Bendita sea la santa Trinidad e indivisa Unidad.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate.
(San Francisco)

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Cántico del Hermano Sol o Alabanzas de las Criaturas

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
(San Francisco)

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El Sermón de la Montaña

Mateo 5
Las Bienaventuranzas

Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Él tomó la palabra y se puso a enseñarles así:

Dichosos los que eligen ser pobres,
porque ésos tienen a Dios por Rey.

Dichosos los que sufren,
porque ésos van a recibir el consuelo.

Dichosos los desposeídos,
porque ésos van a heredar la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ésos van a ser saciados.

Dichosos los que prestan ayuda,
porque ésos van a recibir ayuda

Dichosos los limpios de corazón,
porque ésos van a ver a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.

Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,
porque ésos tienen a Dios por Rey.

Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por causa mía. Estad alegres y contentos, que Dios os va a dar una gran recompensa; porque lo mismo persiguieron a los profetas que os han precedido.

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Sal de la tierra y luz del mundo

Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se pone sosa, ¿con qué se salará? Ya no sirve más que para tirarla a la calle y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende un candil para meterlo debajo del perol, sino para ponerlo en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre también vuestra luz a los hombres; que vean bien que hacéis y glorifiquen a vuestro Padre del cielo.

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Jesús y la Ley

No penséis que he venido a derogar los libros de la Ley o los Profetas. No he venido a derogar, sino a dar cumplimiento.

Porque os aseguro que no desaparecerá una sola letra o un solo acento de la Ley antes que desaparezcan el cielo y la tierra, antes que se realice todo.

Por lo tanto, el que se salte uno solo de esos preceptos mínimos y lo enseñe así a la gente, será declarado mínimo en el Reino de Dios, en cambio, el que los cumpla y enseñe, ése será declarado grande en el Reino de Dios. Porque os digo que si vuestra fidelidad no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de Dios.

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El homicidio

Os han enseñado que se mandó a los antiguos: "No matarás, y si uno mata será condenado por el tribunal". Pues yo os digo: Todo el que trate con ira a su hermano será condenado por el tribunal; el que lo insulte, será condenado por el Consejo; el que lo llame renegado será condenado al fuego del quemadero.

En consecuencia, si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, vuelve entonces y presenta tu ofrenda.

Busca un arreglo con el que te pone pleito, cuando antes, mientras vais todavía de camino; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no pagues el último cuarto.

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El adulterio

Os han enseñado que se mandó: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer casada excitando su deseo por ella, ya ha cometido adulterio con ella en su interior.

Y si tu ojo derecho te pone en peligro, sácatelo y tíralo; más te conviene perder un miembro que ser echado entero en el fuego. Y si tu mano derecha te pone en peligro, córtatela y tírala; más te conviene perder un miembro que ir a parar entero al fuego.

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El divorcio

Se mandó también: "El que repudia a su mujer, que se le dé acta de divorcio". Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, fuera del caso de unión ilegal, la empuja al adulterio, y el que se case con la repudiada comete adulterio.

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Los juramentos

También os han enseñado que se mandó a los antiguos: "No jurarás en falso" y "cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis nunca: por el cielo, porque es el trono de Dios; por la tierra tampoco, porque es el estrado de sus pies; por Jerusalén tampoco, porque es la ciudad del gran rey; no jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes volver blanco ni negro un solo pelo. Que vuestro sí sea un sí, y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo.

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La venganza

Os han enseñado que se mandó: "Ojo por ojo, diente por diente". Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una milla, acompáñalo dos; al que pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.

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Amar a los enemigos

Os han enseñado que se mandó: "Amarás a tu prójimo"... y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hacer salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos.

Si queréis sólo a los que os quieren ¿qué premio merecéis? ¿No hacen eso mismo también los recaudadores? Y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también los paganos? Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo.

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Mateo 6
La limosna

Cuidado con hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención; si no, os quedáis sin paga de vuestro Padre del cielo.

Por lo tanto, cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en la calle para que la gente los alabe. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede escondida; y tu Padre, que mira escondido, te recompensará.

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La plegaria

Cuando recéis, no hagáis como los hipócritas, que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas, para exhibirse ante la gente. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando quieras rezar, entra en tu cuarto, echa la llave y rézale a tu Padre que está escondido; y tu Padre, que mira escondido, te recompensará.

Pero, cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso. No seáis como ellos, que vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis.

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Vosotros rezad así:

Padre nuestro del cielo,
proclámese que tú eres santo,
llegue tu reinado,
realícese tu designio
en la tierra como en el cielo;

Nuestro pan del mañana
dánoslo hoy
y perdónanos nuestras deudas,
que también nosotros
perdonamos a nuestros deudores;
y no nos dejes
ceder en la prueba,
sino líbranos del Malo.

Pues si perdonáis sus culpas a los demás, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

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El ayuno

Cuando ayunéis, no os pongáis cariacontecidos, como los hipócritas, que se afean la cara para ostentar ante la gente que ayunan. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para no ostentar tu ayuno ante la gente, sino ante tu Padre que está escondido; y tu Padre, que mira escondido, te recompensará.

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Un tesoro en el cielo

Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban. En cambio, amontonaos riquezas en el cielo, donde ni polilla ni carcoma las echan a perder, donde los ladrones no abren boquetes ni roban. Porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón.

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La esplendidez

La esplendidez da el valor a la persona. Si eres desprendido, toda tu persona vale; en cambio, si eres tacaño, toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes sólo miseria, ¡qué miseria tan grande!

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Dios y el dinero

Nadie puede estar al servicio de dos amos, porque aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.

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Confianza y agobio

Por eso os digo: No andéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellos? Y ¿quién de entre vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

Y ¿por qué os agobiáis por el vestido? Daos cuenta de cómo crecen los lirios del campo, y no trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como cualquiera de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, la viste Dios así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?

Conque no andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Son los paganos quienes ponen su afán en esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. Total, que no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A casa día le bastan sus disgustos.

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Mateo 7
No juzgar a los otros

No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? O ¿cómo vas a decirle a tu hermano: "Deja que te saque la mota del ojo", con esa viga en el tuyo? Hipócrita, sácate primero la viga de tu ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

No deis lo sagrado a los perros ni les echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se vuelvan y os destrocen.

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Pedir, buscar, llamar

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán; porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama le abren. O es que si a uno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a ofrecer una piedra? O si le pide un pescado, ¿le va a ofrecer una serpiente? Pues si vosotros, malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros niños, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo se las dará a los que se las piden!

Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significa la Ley y los Profetas.

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Los dos caminos

Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. ¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos.

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El árbol y sus frutos

Cuidado con los profetas falsos, esos que se os acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis; a ver, ¿se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?

Así, los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos, y todo árbol que no da fruto bueno se corta y se echa al fuego. Total, que por sus frutos los conoceréis.

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Decir y hacer

No basta con decirme: "¡Señor, Señor!", para entrar en el Reino de Dios; no, hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo.

Aquel día muchos me dirán: "Señor, Señor, ¡si hemos profetizado en tu nombre y echado demonios en tu nombre y hecho milagros en tu nombre!". Y entonces yo les declararé: "Nunca os he conocido. ¡Lejos de mí, los que practicáis la maldad!".

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Las dos casas

En resumen: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vino la riada, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada en la roca.

Y todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra se parece al necio que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vino la riada, soplaron los vientos, embistieron contra la casa y se hundió. ¡Y qué hundimiento tan grande!

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La autoridad de Jesús

Al terminar Jesús este discurso estaba la gente asombrada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, no como los letrados. Y al bajar del monte lo siguió un gran gentío.

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